reseñas de prensa

Benedicto XVI y la Economía de Comunión (2ª parte)


Benedicto XVI y la Economía de Comunión (2ª parte)

Entrevista con el empresario John Mundell

por Genevieve Pollock
publicada por  Zenit.org el 23/10/2009

INDIANAPOLIS, Indiana. 9 de septiembre de 2009 (Zenit.org).- Dirigir una empresa siguiendo principios cristianos produce un dividendo que la sostiene en tiempos de recesión económica, dice un empresario y miembro de la Economía de Comunión. John Mundell es presidente y fundador de Mundell y Asociados, una empresa de asesoría medioambiental con sede en Indianápolis.

En esta entrevista con ZENIT, explica en qué consiste la Economía de Comunión, una red mundial de empresas citada por Benedicto XVI en la "Caritas in Veritate". El empresario habla de los aspectos más destacados de un encuentro celebrado en Nueva York del 21 al 23 de agosto, de un nuevo programa de prácticas en empresas y de cómo la red está superando la recesión económica.

ZENIT: ¿Han encontrado otras personas o empresarios interesados en la Economía de Comunión después de la publicación de la encíclica?

Mundell: Así es. Hace poco hemos celebrado un encuentro de la Economía de Comunión en Norteamérica cerca de Hyde Park, en la ciudadela del movimiento llamada Mariápolis Luminosa. En este encuentro participaron 65 personas, y la cuarta parte de ellas no conocía la Economía de Comunión ni el Movimiento de los Focolares antes de aparecer en la encíclica. Vinieron únicamente por lo que se decía en la “Caritas in Veritate” y por su deseo de saber más cosas. En estos dos últimos meses cada vez hay más conciencia de que merece la pena conocer la Economía de Comunión, aunque sea un pequeño proyecto si se compara con la economía mundial. ¿Qué son 750 empresas en el mundo en que vivimos? Pero no existe ninguna otra idea que tenga una cantidad semejante de organizaciones que operen globalmente con estos valores y estos principios.  Creo que la gente está comprendiendo que, si el Papa incorpora la idea de la Economía de Comunión a la doctrina social católica, esto es algo que hay que tener en cuenta.

ZENIT: ¿Podría detallar algunos de los aspectos más relevantes de este seminario?

Mundell: Fue un seminario de tres días titulado “Empresas que ponen en el centro a la persona: Esperanza en el presente, sostenibilidad para el futuro”. La idea principal es que la persona humana debe ocupar el centro de la empresa, en lugar de la vieja perspectiva de la empresa como instrumento para generar beneficios. Contamos con un panel académico para hablar de la encíclica y una sesión sobre la influencia de este tipo de empresas y su impacto en la comunidad local. Cuando estas empresas operan en la comunidad local y construyen relaciones, podemos ver cómo ayudan a los pobres y tienden puentes. En la Economía de Comunión nos gusta derribar muros y construir puentes entre diferentes entidades.

ZENIT: ¿Cómo promueven estas empresas la idea de la centralidad de la persona?

Mundell: En primer lugar, sencillamente, mediante la forma de tratar a sus empleados y de actuar con sus clientes, con sus competidores, y con las personas que están a su alrededor en la vida diaria.
No piensan a corto plazo. No sacan ventaja de la situación económica de un cliente, sino que más bien intentan tener una actitud evangélica de amor en las relaciones con sus empleados y con las empresas locales. Les importa la calidad, pero no sólo para obtener beneficios, sino para ayudar al cliente de forma sincera a lograr sus metas y objetivos. Las personas que trabajan dentro de las empresas y los clientes perciben algo diferente. Muchas veces estos clientes preguntan: ¿Cuál es la motivación que está detrás de esta empresa? No he visto nunca personas que actúen de esta manera.

En segundo lugar, el modo de operar de la empresa en su comunidad local. Por ejemplo, aquí en Indianápolis hay muchas empresas que atraviesan dificultades por la crisis económica. Hemos decidido trabajar no sólo por nuestra viabilidad económica, sino también para ayudar a otras pequeñas empresas a sobrevivir, tratando de encontrar oportunidades de colaboración o encargándoles algún trabajo. En tiempos difíciles como estos, la comunidad local reconoce este esfuerzo de salir de uno mismo para ayudar a otros, incluso cuando parece que puede ir en contra del propio negocio.

También trabajamos con los colegios y con iglesias locales. En Norteamérica hay muchas buenas empresas que realizan actividades locales. Nosotros también lo hacemos, pero intentamos ir más allá de lo que cabría esperar, para convertirnos en parte de la comunidad local.

Por último, como novedad, hemos establecido un programa internacional de formación, en el que participan jóvenes de todo el mundo, que vienen a trabajar en estas empresas para entender cómo se puede llevar adelante una organización de modo ético, con una cierta jerarquía de principios morales.
Estos jóvenes proceden de diversos ámbitos: gestión, ingeniería, administración, etc. Vienen a formarse tanto en el aspecto técnico, para mejorar su cualificación profesional, como en el aspecto empresarial, para comprender la esencia misma de la empresa y cómo dirigirla. Este programa se ha puesto en marcha hace cuatro o cinco años. Este año nuestra empresa ha acogido a cuatro jóvenes de Argentina, Brasil, Italia y España. Vinieron a mejorar sus conocimientos sobre medio ambiente, pero también a aprender cómo gestionar una empresa siguiendo los principios de los que habla el Papa, poniendo en la base la comunión y la relación.

ZENIT: ¿Qué  impacto ha tenido en otros países?

Mundell: En algunos países como Brasil y Filipinas, la Economía de Comunión ha tenido un impacto sustancial en la ayuda a los pobres, que ha sido reconocido por los organismos gubernamentales. El presidente de Brasil, por ejemplo, conoce la Economía de Comunión, por la ayuda que ésta presta a los pobres en las favelas, los barrios que rodean Sao Paulo, donde están las comunidades de los focolares. Muchos de los recursos de las empresas los enviamos allí y esto hace que la tasa de  Enviamos muchos recursos allí de las empresas, creando empleo entre los pobres y convirtiéndose en un modelo sostenible.

También tenemos en marcha un programa de microcréditos, que es relativamente nuevo, porque en los últimos dos o tres años hemos comprendido que no se trata únicamente de lograr beneficios y donarlos. Es igualmente importante cómo se distribuyen las ayudas, cómo los pobres reciben ánimo, apoyo y seguimiento en su camino hacia un futuro más sostenible. Este es el verdadero reto: hacer esto respetando su integridad y no con el viejo estilo de los benefactores.

ZENIT: ¿Cómo afronta la red de la Economía de Comunión los retos derivados de la recesión global?

Mundell: Fundamentalmente los afrontamos juntos. Es difícil. Este año estoy seguro de que tendremos menos beneficios para compartir en todo el mundo. Pero también ha ocurrido algo sorprendente. En estos tiempos difíciles, cuando la gente se encuentra con la posibilidad de trabajar en empresas diferentes, las relaciones son cada vez más importantes. De este modo, las empresas que han cuidado sus relaciones con los demás, han visto que en tiempos difíciles la gente prefiere trabajar con personas a las que respetan y que consideran como las personas con las que hay que trabajar.
En cierto sentido, lo que hacemos, las relaciones que nos hemos esforzado en desarrollar durante los buenos tiempos, son una ayuda para hoy. Es como un signo de la providencia de Dios. Al tratar de hacer lo que creemos que es la voluntad de Dios en la vida de la empresa, estas relaciones ahora son de gran ayuda para nosotros. Es como si hubiéramos hecho depósitos en una cuenta bancaria con nuestras actitudes, nuestro amor y nuestras relaciones con otros en la comunidad. En tiempos difíciles, esta providencia divina actúa como una retirada de fondos con la que nos mantenemos hasta que las cosas mejoren. Así que yo diría que en término medio nos va mejor que a otras empresas, aunque eso no quiere decir que no sea difícil. También tenemos una actitud distinta con respecto a cómo aceptar las dificultades, los sufrimientos y los retos. Vemos las dificultades a la luz del sufrimiento de Jesús en la cruz, que gritó “Dios mío, Dios mío ¿por qué me has abandonado?” Comprendemos que a través de nuestro sufrimiento participamos en esa transformación del mundo en los nuevos cielos y la nueva tierra. Así, pasando juntos por estos momentos difíciles y entendiendo el sentido del sufrimiento, nos mantenemos mejor que la media de las compañías.

ZENIT: ¿Cómo comenzó a involucrarse personalmente?

Mundell: Puse en marcha una empresa con la Economía de Comunión hace 14 años. Antes era director técnico de una de las mayores consultoras medioambientales del mundo. A través del Movimiento de los Focolares, decidí llevar a la práctica aquel deseo. Nunca antes había sentido el deseo de crear una empresa. Siempre había pensado que los empresarios y los hombres de negocios parecían personas preocupadas solo por el dinero y los beneficios. Cuando Chiara Lubich lanzó esta idea de la Economía de Comunión, pensé que aquello podía convertirse en una vocación, en un camino a la santidad, en una manera de vivir la vida cristiana en el mundo. Así que dejé mi puesto anterior y creé mi propia compañía que hoy cuenta con unos 20 empleados.

ZENIT: En su opinión, ¿hay más personas que descubren la Economía de Comunión, les gusta la idea y deciden crear una empresa, o personas que ya tienen una empresa y tratan de incorporar estas ideas a su organización ya establecida?

Mundell: Tenemos ambos casos. Ha habido personas con una larga experiencia en el mundo del trabajo, muy buenos en lo que hacen, que se han dado cuenta de que esto es algo que da sentido a sus vidas. Hay un gran deseo de encontrar sentido al trabajo. Muchos se preguntan: “¿cómo puedo integrar en mi vida la fe con la vida laboral?”  Esta es una manera de hacerlo, poniendo en práctica las convicciones en el contexto de una tradición de fe. Así pues, tenemos personas expertas que ponen en marcha una empresa.

Otras transforman la compañía que ya poseen de acuerdo con esta nueva visión y comienzan a operar siguiendo los principios de la Economía de Comunión. A mi me da mucha esperanza que la gente esté descubriendo este proyecto. Para mí entrar a formar parte de esta red y de esta comunidad de empresarios que trata de vivir estos principios, ha sido una de las experiencias que más me ha cambiado la vida.

Si alguien está buscando el sentido de la vida empresarial, el sentido de la alegría, puede encontrarlo tratando de vivir este estilo de vida al que nos anima el Papa. Realmente todo esto ha nacido de un estilo de vida dentro de la Iglesia católica. Creo que es así como se extendió el cristianismo primitivo. La gente decía: “Mirad como se aman, no hay entre ellos ningún necesitado” Esto llama la atención, en los primeros años y hoy.

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