reseñas de prensa

Benedicto XVI y la Economía de Comunión (1ª parte)


Benedicto XVI y la Economía de Comunión (1ª parte)

Entrevista con el empresario John Mundell

por Genevieve Pollock
publicada por  Zenit.org el 22 de octubre de 2009

john_mundell1INDIANAPOLIS, Indiana, 8 de Septiembre de 2009 (Zenit.org)- La gente busca significado a su trabajo, formas de ayudar a los demás y defender el medio ambiente, sin que esto se oponga a generar beneficios, y Benedicto XVI ha señalado el camino, afirma un miembro de Economía de Comunión. John Mundell es presidente y fundador de Mundell y Asociados, una empresa de asesoría medioambiental con sede en Indianapolis.

En esta entrevista con ZENIT, explica algunas razones por las que Benedicto XVI ha incorporado la Economía de Comunión, una red de empresas mundial en crecimiento, a su última encíclica, "Caritas in Veritate".

ZENIT: ¿Cuáles son los principios básicos de la Economía de Comunión?

Mundell: Para comprender la Economía de Comunión, hay que comenzar por entender lo que significa la palabra "comunión" en el vocabulario de la Iglesia católica, y lo que implica una espiritualidad que incluya la comunión. ¿Cómo vivimos como "iglesia" o como pueblo unido, y qué significa esto? ¿Cómo cuadra esto en el mensaje y misión de Jesús? Cuando se empieza a comprender esto, que es la base fundamental de la Economía de Comunión, el resto surge como consecuencia natural.

La Economía de Comunión nació de una idea surgida dentro del Movimiento de los Focolares y de su fundadora, Chiara Lubich, cuando en 1991 visitaba Brasil y la comunidad focolar local. La semana anterior había estado leyendo la encíclica de Juan Pablo II "Centesimus Annus", una reflexión a los cien años de la primera encíclica social de la Iglesia del Papa León XIII. Chiara estaba especialmente interesada en el tema de la implicación de la Iglesia en la esfera social del mundo. Además, al llegar a Brasil se percató  de las necesidades de los pobres en la comunidad focolar local. Nuestra comunidad de allí tenía gente acomodada, pero también tenía gente que sufría y necesitaba ayuda en alimento, educación y abrigo.

Lo que Chiara vio es que, a pesar de que los focolares habían practicado una comunión de bienes durante sus 50 años de historia, a pesar los esfuerzos individuales por compartir y ayudar a quienes estaban en necesidad dentro de nuestra propia comunidad, todavía nos quedábamos cortos, y era necesario hacer algo más. Así nació  la idea de crear empresas viables, que pudieran compartir sus beneficios y ayudar a los necesitados de la comunidad. Desde 1991, este movimiento comenzó a extenderse por todo el movimiento de los Focolares, y 18 años después tenemos más de 750 empresas involucradas en la Economía de Comunión. Sus raíces se remontan a la experiencia de los primeros cristianos, una comunidad que se decía que era una en corazón y en mente, donde no había personas necesitadas entre ellos. La idea de retomar aquella experiencia de los primeros cristianos dio lugar a esta forma de hacer negocios.

La misión es promover la cultura del dar y la justicia social a través de estas empresas que están animadas por el valor de la fraternidad universal. Estas empresas buscan dar beneficios, y están presentes en todos los continentes. Creo que estamos en 50 países. Cerca de la mitad de las organizaciones son empresas de servicios, un cuarto de ellas son de fabricación y el resto son comerciales.

Los beneficios que obtienen estas empresas se ponen en común. Una parte de los beneficios se queda dentro de la empresa para ayudarla a crecer, porque sin capital las empresas pueden estancarse.
Otra parte de los beneficios va a educar a la gente en esta cultura del dar, en los principios de la Economía de Comunión. Celebramos seminarios, conferencias y encuentros para difundir estas ideas.
La última parte de los beneficios va directamente a los pobres, para ayudar en las necesidades básicas, alimento, abrigo, educación y cuidados sanitarios. Pero esta ayuda es distinta de la donación filantrópica de beneficios. Tenemos relación con los pobres de cada localización geográfica, y conocemos verdaderamente lo que ocurre en sus vidas. Les vemos como socios iguales en esta Economía de Comunión. De tal modo que cuando ellos comparten sus necesidades, esto tiene el mismo valor que el hecho de compartir los recursos económicos. Alguien hizo la siguiente comparación: no se trata de dar pescado a una persona, ni de enseñarle a pescar, sino de pescar con él. En la Economía de Comunión pescamos con ellos. No es algo que hagamos aparte o para ellos, es algo que hacemos juntos.
Esto es un cambio de mentalidad total del concepto de responsabilidad social corporativa y de la noción clásica de empresas que ayudan a los pobres.

ZENIT: Mucha gente ve los valores del mundo de los negocios empresariales como opuestos a los de la caridad cristiana y la justicia social. ¿Cómo han logrado armonizar estos opuestos?

Mundell: Creo que esta idea de incorporar la misión social dentro de los negocios ya está madura. En los últimos tres o cuatro años se ha hablado mucho de esto. Hemos visto un interés creciente por la idea de la responsabilidad social corporativa. Muchas organizaciones, incluso empresas del Fortune 500, se han hecho más conscientes de sus responsabilidades sociales en sus operaciones comerciales. Hablan de un triple resultado, que hace referencia a las personas, al planeta y a los beneficios: Las personas, porque están interesadas en ayudar con los problemas sociales; el planeta, porque quieren estar concienciados con el medio ambiente; y los beneficios, porque los necesitan para sostener sus empresas. Esta idea de la responsabilidad social corporativa está en el mundo laico y la gente se está sumando a ella. Se dan cuenta de que deben a sus accionistas un rendimiento por sus inversiones, pero también se dan cuentan de que ser responsables corporativamente es bueno para las empresas. Podría objetarse que estas empresas son responsables porque les resulta económicamente ventajoso. Pero creo que, a pesar de ello, se hace, y eso es bueno, sea cual sea la motivación. La Economía de Comunión puede considerarse como parte de este movimiento general de responsabilidad social corporativa, pero en realidad es mucho más que eso. Es un modelo diferente. Siguiendo la tendencia actual, hay un montón de empresas individuales que intentan hacer las cosas bien, pero sin estar conectadas a nada más.
En la Economía de Comunión, incorporamos el modelo de las primeras comunidades cristianas, y actuamos como 750 empresas en una red que tiene relaciones globales. Estamos en contacto unos con otros, e intentamos funcionar de la misma forma. De este modo, ponemos en circulación las necesidades y movilizamos recursos a los diversos lugares del mundo que los requieren, basados en una forma colectiva de pensar.

La Economía de Comunión podría denominarse una "forma colectiva de vivir la espiritualidad" del movimiento de los Focolares, la espiritualidad de la unidad sobre la que Juan Pablo II habló en las anteriores encíclicas. La espiritualidad de comunión influye en la forma en que actuamos como empresarios, porque nos centramos en las relaciones y en la persona humana como punto focal de la empresa. Desde un punto de vista cristiano, tenemos el potencial de desarrollar estas relaciones hasta que se de el amor recíproco. Y como Cristo dijo, "donde dos o tres estén reunidos en mí nombre, allí estoy yo en medio de ellos". De esta forma, podemos tener de verdad la presencia de Dios, de Cristo, en estas relaciones.

Nuestro modelo es diferente, pero está dentro de la esfera conceptual de la empresa social y de la responsabilidad social corporativa. Ahora estamos dentro de este debate, especialmente ahora que el Papa ha mencionado la Economía de Comunión en la encíclica.

ZENIT: Cuando el Papa habla de la Economía de Comunión en la encíclica, ¿cree que sus ideas confirman los principios del proyecto o cree que aporta una perspectiva nueva?

Mundell: Ambas cosas. La encíclica es un trabajo estupendo y nos llevará algún tiempo desentrañar todos los matices que el Papa expone. Ciertamente confirma y apoya los esfuerzos que hemos realizado durante estos 18 años. Por ejemplo, en los capítulos 3 y 4 habla de la necesidad de abrir hueco en el mercado para este nuevo tipo de operaciones, que no se basan solo en perseguir el beneficio, sino que también persiguen principios de reciprocidad y finalidad social. Reconoce esta nueva forma de empresas que están a medio camino entre el lucro y la ausencia del ánimo de lucro. El Papa apoya este tipo de empresas for profit que tienen una misión social como algo prometedor, algo que hay que animar y apoyar en diferentes contextos, estructuras y países del mundo. Para él este tipo de actitudes, esta Economía de Comunión, es una manera de encauzar la globalización en términos relacionales, en términos de comunión y de compartir los bienes. El Papa nos ha lanzado también un reto: el de dar a conocer lo que estamos haciendo, el de ser más abiertos y tener el mejor tipo de empresas y el mejor modelo posible, de modo que otros puedan ver que las organizaciones pueden funcionar con éxito de este modo. Algunas personas no creen que puedas tener éxito si diriges una empresa con ánimo de lucro de esta manera, pero nosotros tenemos 750 organizaciones que dicen que sí es posible. Tenemos éxito, aunque el éxito es algo que puede medirse de maneras distintas. Puede medirse en términos de la ayuda a los necesitados, en el impacto de las empresas en sus comunidades locales, en las relaciones que desarrollan y también en el modo en que se convierten en modelos para guiar a otras compañías más grandes hacia una manera más cívica de hacer negocios.

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