Como un plano inclinado

Como un plano inclinado

por Alberto Ferrucci
de "Economía de Comunión - una nueva cultura" nº 31 - mayo 2010


Alberto_FerrucciA muchas personas les llama la atención que las empresas de la EdC destinen sus beneficios a ayudar a los necesitados y a difundir un nuevo humanismo. Otras objetan que esta práctica no es nueva. Y otras se sorprenden al leer el informe sobre el destino de los beneficios de la EdC, ya que si se dividen los beneficios compartidos entre el número de empresas, la aportación de cada una de ellas resulta muy pequeña.

Y sin embargo no puede negarse la incidencia cultural del trabajo, la pasión y el testimonio de los empresarios, de las empresas y de los estudiosos de la EdC en la sociedad actual, que ha llevado a Benedicto XVI a citar a la economía de comunión en la encíclica Caritas in Veritate. Es evidente que la simple suma de los beneficios registrados como compartidos no da cuenta del desarrollo que ha experimentado el proyecto y del valor que tiene para la humanidad de hoy este camino hacia una economía fraterna.

La propuesta de compartir los beneficios lanzada por Chiara en 1991 no iba dirigida a personas abstractas, sino a personas que ya vivían la cultura del dar. Personas que ya trataban de hacerse santas, poniendo en práctica el ágape en los lugares adonde las habían llevado las circunstancias de la vida, siendo las primeras en amar en esperanza, sin pretender la respuesta recíproca del otro.

Personas que actuaban de este modo para atraer la presencia de Dios entre los hombres, prometida siempre que el amor recíproco se hace realidad.
Chiara pidió a todos su aportación, sabiendo que eran pobres pero muchos, para que surgieran, junto a las ciudadelas del movimiento, empresas dirigidas por personas expertas que dieran trabajo a sus habitantes y produjeran beneficios para ayudar a sus prójimos más necesitados a salir de su condición.

En su invitación estaba ya implícita la idea de que en esas empresas tendría que vivirse la comunión entre los trabajadores, con los proveedores, con los clientes y con los competidores, respetando los derechos de todos, las leyes del estado y la salvaguarda del medio ambiente.
Proponía un modo de hacer empresa en el que el simple equilibrio económico no era tarea fácil, máxime en países donde tales comportamientos no son habituales. Sin embargo ella creía que las empresas tenían que obtener beneficios, porque tenía la experiencia de que, cuando se vive la cultura del dar, la Providencia interviene. Ella no entendía por qué no debería ocurrir lo mismo en las empresas e incluso en las naciones.

Al proyecto EdC se sumaron también otras empresas que operaban en medio del mundo, lejos de las ciudadelas. Es más, hoy son la inmensa mayoría. Se trata de empresas “en camino”, que intentan vivir cada vez más la comunión en su seno y en su ambiente, idealmente unidas a todas las demás y a los parques empresariales de las ciudadelas.

Con todas sus limitaciones, constituyen una realidad preciosa. Cuando operan con este estilo en medio del mundo, representan como un plano inclinado que enlaza la economía de hoy con la economía fraterna. El testimonio que dan en la sociedad contribuye de algún modo a alcanzar los objetivos del proyecto. Cuando contaminan a sus interlocutores con la cultura del dar, en cierto sentido ya los están formando. Y cuando dan trabajo a un vecino desocupado o discapacitado para que pueda encontrar un puesto en la sociedad, ya están ayudando a los necesitados.

Cuando se habla con estos empresarios y trabajadores, es fácil darse cuenta de que muchas veces sienten que no pueden olvidar a las personas que están a su lado y por ello apoyan iniciativas de formación en la cultura del dar. Otras veces se lanzan por distintos medios a combatir los males de la sociedad en otras naciones y se involucran en ayudas directas que en ocasiones llegan a ser muy importantes.

Para responder a todo esto utilizan recursos que no serán repartidos entre los socios. De algún modo, se trata de otra forma de destinar los beneficios a los fines del proyecto. No es siempre fácil cuantificarlos, pero si queremos alcanzar una representación más correcta deberíamos lograrlo. Al menos en un caso sí que se ha podido calcular y el resultado es que la riqueza distribuida por la empresa en este sentido era siete veces mayor que los beneficios transferidos directamente al proyecto EdC.
Estos últimos son solo la punta del iceberg de esta nueva economía. Una punta que, sin embargo, esperamos que emerja cada día más, ya que los beneficios expresamente destinados siguiendo la invitación de Chiara tienen un valor especial.

Chiara sin duda lo intuyó, pero tal vez en estos primeros años no hemos sido capaces de mostrarlo. Tal vez nos quedaba por hacer una experiencia: Repartir los beneficios con personas cercanas tal vez sea más fácil, aunque también pueden acostumbrarse a ellos y no salir de su condición. Más difícil es hacerlos llegar a verdaderos hermanos nuestros, verdaderos prójimos, personas iguales a nosotros a las que podemos ayudar a salir de sus dificultades, de forma que también ellas puedan con idéntico compromiso vivir la cultura del dar con los demás.

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