Budismo y EdC en diálogo

Budismo y EdC en diálogo

por Benedetto Gui

de "Economía de Comunión - una nueva cultura" nº 31 - mayo 2010

N31_Pag._05_Benedetto_Gui_“Tenemos el peligro de terminar añorando el pasado” me susurra Teresa Ganzon, invitada como yo a llevar la voz de la Economía de Comunión al IV Simposio Budista-Cristiano celebrado en febrero cerca de Chiang Mai, en la zona norte de Tailandia.

Después de una primera jornada sobre la caída de los valores y una segunda dedicada al tema del sufrimiento del hombre contemporáneo, un cierto aire de pesimismo acerca del futuro comenzaba a extenderse por la sala. Un invitado americano, miembro de una iglesia protestante, consigue darle la vuelta a la situación, invitando a todos a mirar hacia adelante: “El pasado está a nuestras espaldas. Ahora debemos comprender juntos cómo hacer frente a los nuevos problemas”. Nissho Takeuchi, un líder espiritual al que siguen muchos directivos japoneses, interviene para dar las gracias: “Tiene razón. Nuestro deber como portadores de valores espirituales no es defender nuestra religión de las nuevas tendencias culturales, dando codazos a las demás. Debemos analizar atentamente nuestras responsabilidades y colaborar entre nosotros para estar al lado de la humanidad, que en cualquier caso sigue adelante”.

Esta actitud de fondo impregnó también la última jornada del simposio, que trataba sobre la "Crisis económica y desigualdad en la riquezaChiang_mai_03”.
Las cuatro ponencias de expertos budistas pusieron de manifiesto que el budismo tiene un mensaje específico que aportar a la economía, cuya palabra clave es ‘felicidad’ (una palabra que sólo en los últimos años ha captado de nuevo el interés de una parte de la ciencia económica occidental).
El budismo, en efecto, quiere ayudar a los seres humanos a ser felices. Pero el recorrido que propone es muy distinto, no pone en el centro la búsqueda del dinero y del éxito. El budismo enseña la liberación de la esclavitud de las pasiones y de la concentración en uno mismo, abriéndose a la compasión por los demás.

No es casualidad – observa Muhehiro Niwano de la organización Rissho Kosei Kai – que la única nación del mundo que haya adoptado como medida de éxito la “Felicidad Nacional Bruta” (en lugar del habitual Producto Nacional Bruto) sea Bhutan, un país en el que la influencia budista es fortísima.
No se trata – insiste Niwano – de levantar una barrera contra la modernización, sino únicamente de permitir que los seres humanos mantengan o recuperen su propia riqueza espiritual mientras se benefician de la riqueza material.

Chiang_mai_05_Ben_Tess_ridMuy significativo es, en este sentido, el caso de Minamata, una localidad marinera del modernísimo Japón, que ha dado mucho que hablar en sentido trágico a causa de una enfermedad mental anteriormente desconocida, producida por la ingesta de mercurio procedente de instalaciones industriales absorbido por los peces de la bahía. Nadie quería estar con los habitantes de esta ciudad y en la práctica estaban discriminados por el miedo y la repugnancia que el solo nombre de Minamata evocaba. La necesidad de salir de esta situación de extremo malestar ha hecho que precisamente allí haya surgido un original experimento social de recuperación de la calidad de vida basado en la colaboración entre los ciudadanos y en la reconstrucción del tejido social, poniendo de relieve los valores espirituales alternativos a los consumistas.

No menos significativo fue el testimonio de Phrakhru Piphitsutatorn, representante del budismo tailandés, para el que la vida monástica juega un papel importante. Ante las dificultades económicas y sociales de la población rural de la provincia de Trad, empobrecida por la emigración de los jóvenes hacia las grandes ciudades, el monje Phra Subin ha creado una red de iniciativas de economía comunitaria extendida en la que participan más de 100 poblaciones. El primer paso consistió en captar ahorros para conceder préstamos a tipos de interés ajustados. A continuación se pusieron en marcha otras formas de colaboración, como los “bancos del arroz”, compras colectivas para reducir los costes de intermediación comercial, producción de fertilizantes biológicos (más baratos y menos contaminantes que los químicos) y así sucesivamente. Es interesante darse cuenta de que, con estas actuaciones, Phra Subin superó el papel tradicional del monje, testigo siempre del espíritu pero poco partícipe de los afanes de la vida material.

Para terminar, unas palabras sobre nuestra presentación de la Economía de Comunión. La acogida dispensada tanto a las ideas generales del proyecto Chiang_mai_04como a la experiencia del banco rural filipino Kabayan fue muy positiva. Aquí más que en otras circunstancias me he dado cuenta de la capacidad que tiene el ideal de la unidad, en el que se inspira la EdC, para sacar a la luz muchas y valiosas experiencias de economía al servicio del crecimiento humano que hombres y mujeres de buena voluntad están promoviendo en todas las partes del mundo, contribuyendo a que estas corrientes de novedad se unan para transformar desde dentro la praxis y la cultura económica actuales. Una vez más he sentido que la Economía de Comunión forma parte de esa inundación de esperanza que hoy necesitan millones de ciudadanos en el mundo entero.

 

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