La comunión en la empresa

John Mundell de los Estados Unidos, Teresa Ganzon de las Filipinas y Armando Tortelli del Brasil, cuentan cómo  viven  la “comunión” en sus empresas.

La comunión en la empresa

por Monia Unali

de "Economía de Comunión - una nueva cultura" nº 31 - mayo 2010

John Mundell dirige en Indianápolis una sociedad de consultoría en el campo del saneamiento medioambiental. ¿Cómo vivís la comunión en vuestra empresa?
“Mi” experiencia es el fruto de un compromiso colectivo de los empresarios de la EdC de Norteamérica para tratar de articular la categoría de la comunión N31_Pag._12_John_Mundel_camicia_gialla_tanto dentro como fuera de la empresa, con los indigentes, con los jóvenes, con los clientes, con los proveedores, y con cuantos viven en nuestra zona de influencia.
Cuando comencé a trabajar, hace quince años, la comunión dentro de la empresa era fácil porque estaba solo, pero al aumentar el número de colaboradores y empleados hasta los 35 de ahora, el estilo se ha tenido que adaptar.
Al principio la comunión era una relación directa con cada uno, consistía en amar cada vez a la persona que Dios me ponía al lado. Sin embargo, al crecer la empresa y la cantidad de empleados, se hizo difícil tener cada día una relación personal con cada uno de ellos y entonces se hizo importante crear una estructura capaz de alentar y estimular la comunión, sobre todo cuando comenzamos a contratar personas que no conocían nada de la inspiración del proyecto EdC y que tenían historias, características, etnias y religiones diversas. ¿Cuales eran los valores de nuestra empresa? Había que vivirlos para hacerlos evidentes.

¿Puede poner algún ejemplo concreto?
Cuando tenemos que evaluar o contratar a un nuevo trabajador, lo primero que verificamos es su capacidad para trabajar en equipo, no solo en la relación entre empleador y empleado, sino también respecto a la calidad de las relaciones entre colegas y entre empleados y directivos.
La vida de nuestra empresa tiende a difundir un estilo relacional y nosotros queremos premiar este estilo. Por eso los incentivos y los aumentos de sueldo están ligados a este tipo de evaluación del trabajo de grupo. Así es como nos hemos encontrado con un grupo de personas que tal vez no sean los mejores científicos o los mejores ingenieros, pero son ciertamente especialistas en “unidad”.

¿Y respecto a la comunión hacia el exterior?
Podemos citar algunas experiencias con la comunidad local. Nuestra empresa depura el agua y el suelo, ayudamos a las empresas a reducir su impacto ambiental. Decidimos ubicar nuestras oficinas en la zona más pobre de la ciudad, para estar más cerca de los necesitados.
Comenzamos a construir las relaciones con la comunidad contratando para las labores de mantenimiento y jardinería sólo a habitantes del entorno y estableciendo relaciones privilegiadas con restaurantes de la zona, a los que acuden nuestros empleados para almorzar.
Nuestra parroquia es pobre, así que le hemos financiado conferencias sobre la defensa de los animales salvajes, a cargo de una empresa vecina que en aquel momento estaba pasando dificultades.  
Un día todos nuestros empleados fueron a  reparar una casa en una zona pobre del barrio. La casa estaba en malas condiciones, había mucho que hacer, y el marido y la mujer habían pedido nuestra ayuda. Por “casualidad” un equipo televisivo pasó por aquella zona. Nos filmaron y después emitieron el reportaje en el informativo de la noche.
Tres años después hemos descubierto que precisamente gracias a aquel reportaje obtuvimos un contrato de 50.000 dólares. La providencia nos sigue sorprendiendo.

N31_Pag._12_Francis_e_Teresa_GanzonTeresa Ganzon  dirige un Banco Rural en las Filipinas. ¿Cuál es su experiencia en relación con la empresa y la comunión?
Nosotros también tenemos experiencias parecidas a las de John. Hemos aprendido a dar cada vez más importancia a la participación de los empleados en actividades fuera de la empresa, en favor de las realidades de nuestro entorno: construcción de casas, proporcionar alimento a quien no lo tiene… poco a poco hemos ido integrando estas actividades en nuestra empresa, que originariamente nació como un banco rural.
La cultura del dar se ha ido extendiendo poco a poco entre los empleados de nuestro banco, que son cada vez más conscientes de que su empresa es diferente de las demás.
Hemos sentido la necesidad de formalizar estos aspectos, incluyéndolos en nuestros estatutos. Ahora, por ejemplo, consideran el rol activo de la Providencia y el hecho de que queremos ser un Banco al servicio de los demás.
Entre otras cosas, prometemos a nuestros empleados algo que no tiene valor: que aprenderán a descubrir lo importantes que pueden llegar a ser para la vida de los demás. Aprovechamos cualquier ocasión para reforzar estos valores.
Durante las últimas fiestas de Navidad, por ejemplo, en vez de disfrutar de vacaciones, que en Filipinas son muy largas, decidimos trabajar para reconstruir algunas casas que habían sido destruidas por un tifón. El año pasado también promovimos un programa de alimentación para niños pobres. Cada grupo de trabajadores se hizo cargo de los niños de su propia comunidad local, y después todos juntos compartimos nuestras experiencias al respecto.
Otro aspecto que nos parece muy importante es que cuando alguien recibe un premio por la productividad, no se lo queda para sí mismo, sino que lo comparte con todos aquellos colegas que le ayudaron a lograr el objetivo.

¿Cuál es el aspecto más delicado de la comunión en vuestra empresa?
Es una pregunta difícil. Este modo de compartir la cultura del dar es algo que ha ido creciendo con el tiempo. Nosotros estuvimos mucho tiempo dando, antes de que nuestros empleados comprendieran qué estábamos haciendo y por qué y comenzaran a vivir también ellos así.

A Armando Tortelli, que administra con sus hijos cuatro empresasN31_pag._13_Armando_Tortelli del sector farmacéutico, le hacemos la misma pregunta.
La mayor dificultad que encuentro para vivir la comunión dentro de la empresa, podría parecer extraño, pero es precisamente con quienes están más cerca de mí, con el equipo directivo que administra la empresa conmigo.
En diez años hemos pasado de 10 a 300 empleados. La cantidad de directivos también ha aumentado y naturalmente no puedo pretender que todos compartan mis mismos valores e ideales. Por eso debo comunicarlos principalmente con la vida y no con palabras.
Nos vemos a menudo para diseñar estrategias y programas futuros, pero al fin descubrimos que si no tienen en cuenta nuestra adhesión al proyecto EdC, entonces no valen nada. A mis más estrechos colaborados no siempre les resulta fácil comprender lo que hay detrás de mis decisiones, haciendo que puedan ser compartidas por todos.

¿Puedes darnos algún ejemplo?

Una vez todos mis colaboradores querían que despidiese a una persona. En una conversación muy franca le dije que todos querían que yo le despidiese, porque estaban convencidos de que sus defectos eran un obstáculo para la empresa y que él ya no podía cambiar ni mejorar.
Después de decirle con mucha decisión, pero también con gran respeto, todo lo que me parecía que no estaba bien en su actitud - no para juzgarle sino para amarle - le pregunté si estaba dispuesto a cambiar. Me dijo que se había sentido más amado que nunca y a partir de entonces me escribe un e-mail cada día para contarme sus progresos y los cambios que trata de introducir en su manera de ser.
Con los más jóvenes, los recién llegados, organizamos periódicamente momentos de convivencia para conocernos mejor. No hablamos del trabajo, sino de  nuestra vida, de nuestras experiencias y ellos se sienten acogidos. La distancia entre los nuevos y los veteranos, poco a poco desaparece.
Algunas veces he visto que alguien cuestionaba nuestra decisión de poner en común las utilidades, como aquella vez que tuve que explicar  al director financiero, en un momento de sufrimiento por retrasos en los pagos, por qué había que contraer una nueva deuda para poder entregar nuestra contribución a la Economía de Comunión.
Más que obstáculos, estos momentos han sido siempre para mí ocasiones importantes para contar mi historia y la historia de la empresa, mis convicciones y nuestra inspiración más profunda. Esto no sólo ha cambiado las relaciones personales, sino también la relación entre estas personas y la empresa.

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