Irlanda y el riesgo ético

Después de Grecia, le toca el turno al tigre celta. ¿Está la crisis financiera despedazando el proyecto de una Europa unida? ¿Está Italia en peligro? De todo ello hablamos con Vittorio Pelligra, profesor de economía en la Universidad de Cagliari y en el Instituto Sophia.

Irlanda y el riesgo ético

por Maddalena Maltese

publicado en cittanuova.it el 27/11/ 2010

Banca_dIrlanda02La crisis financiera no da tregua a Europa. En estos días hemos podido seguir la situación de Irlanda y las medidas que la Unión Europea está adoptando para impedir la quiebra del tigre celta. Las alarmas han saltado también para Portugal y España. Nos preguntamos si también Italia tiene los días (o los meses) contados. De todo ello hemos hablado con Vittorio Pelligra, profesor de economía en la Universidad de Cagliari y en el Instituto Universitario Sophia, de Loppiano.

Profesor Pelligra, ¿qué está pasando en Irlanda? Creíamos que lo de Grecia era un caso aislado y ahora ni siquiera Europa en su conjunto puede considerarse libre de peligro, ya que también Portugal y España están en alerta roja.
«En primer lugar, hay que hacer una distinción entre lo que ocurrió en Grecia y lo que ocurre en Irlanda. En Grecia había una fragilidad del sistema financiero relacionada con una gestión “alegre”, si así se puede decir, de las cuentas públicas, cosa que no ocurre en Irlanda, donde se ha prestado mayor atención a este aspecto. Desde este punto de vista, el gobierno ha sido más atento y riguroso ».

Entonces ¿por qué Irlanda, un país que ha crecido enormemente durante estos años, se encuentra también en peligro de quiebra?
«El problema tiene que ver con la decisión gubernamental de asegurar al 100% no solo los ahorros depositados en los bancos, sino también las obligaciones emitidas por las empresas, por el sector privado. Es decir, el gobierno se comprometió a hacerse cargo de todos estos depósitos en caso de quiebra. En Italia también existe este resarcimiento, pero está limitado al 60%. En cambio los irlandeses quisieron dar mayores garantías. Esto, que parece un punto de estabilidad del sistema económico, en realidad se ha comportado como un boomerang y ha provocado la puesta en marcha de mecanismos oportunistas, lo que los economistas llaman riesgo moral.  Los inversores hacen un razonamiento muy simple: si me das la posibilidad de asegurar mi riesgo de fracaso al 100%, no tengo ningún incentivo para ser cauto, valorar las decisiones y realizar comportamientos virtuosos que eviten el peligro. Este mecanismo ha hecho saltar por los aires la corresponsabilidad y por eso, a pesar de la crisis, las inversiones de riesgo no han disminuido sino que, por el contrario, se han reforzado ante la certeza de un resarcimiento total. El gobierno, además, ha pregonado en los mercados una solidez, es decir cuentas públicas saneadas y depósitos asegurados, que en realidad no era tal. Ha habido poca transparencia. Tan es así que Europa no consigue cuantificar la inversión financiera necesaria para dar seguridad a las cuentas. No se consigue cuantificar la exposición de Irlanda al riesgo, por lo que las garantías eran más propagandistas que sustanciales».

La intervención de la Unión Europea se interpreta como una pérdida de autonomía de Irlanda y hace que todos los estados se pregunten sobre la cesión, aunque sea parcial, de soberanía. ¿Serán los gobiernos menos libres a causa de la crisis?
«En realidad, hace ya tiempo que los estados perdieron la soberanía en términos de política monetaria, porque en la práctica es el Banco Central quien la decide. Hay ya un acuerdo de cesión de soberanía: en lo relativo a la moneda, el decisor debe ser único y desvinculado de todos y cada uno de los gobiernos. La preocupación sobre la pérdida de autonomía tiene más que ver con la política económica, que es donde se intenta mantener intacta la autonomía. Cuando los estados europeos dicen a Irlanda que aumente el IVA, los irlandeses pueden responder que se trata de una cuestión interna. Pero puesto que gestionamos una crisis común con fondos comunes, los demás estados deben poder estar seguros y para ello es necesario ceder a la voluntad común una parte de la soberanía interna. Ya no es posible razonar como un estado nacional en un contexto en el que la interdependencia es tan fuerte. Esta es la diferencia entre la Europa económica y la política. Vivimos en un sistema donde ya no hay fronteras, pero nos empeñamos en mantener las fronteras bien firmes. Esto tiene relación con el hecho de que los gobiernos no los elegimos todos los europeos, sino los ciudadanos de cada país».

¿No está afectando esta crisis también a la idea de Europa? Algunos piensan volver de nuevo al “hágalo usted mismo” y a los estados nacionales.
«La tentación es fuerte y está ligada a los egoísmos nacionales y a la posibilidad de reelección o no de los gobiernos, porque su actuación será juzgada con severidad por los ciudadanos. Si no vemos esta crisis desde el punto de vista del consenso electoral, nos daremos cuenta de que la idea de Europa no está para nada en crisis. Antes bien, la crisis ha hecho que nos demos cuenta de lo necesaria que es Europa. Los estados por sí solos no hubieran conseguido hacer frente a una crisis de estas dimensiones, sin instituciones económicas fuertes e integradas y sin una imagen de unidad en los mercados internacionales. Y no hubiéramos asistido únicamente a los casos de Grecia e Irlanda; también Italia hubiera sido barrida sin contemplaciones ».

A propósito de la situación italiana, ¿también en nuestro caso se anuncia una irremediable caída bajo el efecto dominó que está afectando por turno a los distintos países europeos? ¿Se salvará Italia?
«Quiero precisar que las crisis no afectan a todos los estados a la vez, sino que hay una secuencia, porque los especuladores, para producir un efecto fuerte sobre los bancos centrales, actúan juntos y a oleadas. Si repartieran el ataque entre más países, no tendría el mismo efecto. Es distinto ser atacado por 10 especuladores fuertes o por 10.000. La acción conjunta es la que pone en crisis a un país, pero los estados se atacan de uno en uno. Se empieza por uno que tiene dificultades y después se pasa al siguiente más débil. Otro factor es el endeudamiento entre estados. Los acreedores de Irlanda son el Reino Unido y Alemania, que son países fuertes. En cambio para España el problema es gordo porque es el principal acreedor de Portugal, por lo que la crisis de uno comportará la crisis del otro. En el caso de Italia, las reformas estructurales y recortes que Irlanda realizará de golpe empezaron hace tiempo. Además nuestro sistema bancario es cerrado y aunque esto es negativo porque no aprovecha las ventajas de la internacionalización, en la crisis significa una menor exposición y tener menos canales abiertos que la puedan ampliar».

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