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Coherencia entre ideales y acciones: ¿comeríais saltamontes si os pagaran?

Comentarios de "Il Sole 24 Ore" - Mind the Economy, nueva serie de artículos de Vittorio Pelligra.

Vittorio Pelligra

Original italiano publicado en el Sole 24 ore del 10/02/2019

¿Comeríais saltamontes más a gusto si os pagaran por ello? En 1961, el psicólogo americano Ewart Smith dirigió un estudio para evaluar la eficacia de algunas técnicas encaminadas a influir en las creencias y actitudes de las personas (The Power of Dissonance Techniques to Change Attitudes, Public Opinion Quarterly, 25, pp. 626–639). El estudio fue encargado por el ejército de los Estados Unidos a Matrix Corporation, el centro de investigación privado para el que trabajaba Smith, con el fin de conocer el posible uso de esas técnicas en el ámbito militar. Concretamente, el estudio estaba centrado en el uso de la llamada “disonancia cognitiva”, un principio descrito por Leon Festinger unos años antes, que afirmaba que cada uno de nosotros experimenta una especie de tensión, un coste psicológico, cuando se da cuenta de que cree a la vez en dos cosas contradictorias, o cuando tiene que realizar una acción contraria a sus convicciones.

Dicho en otros términos, existe una tendencia generalizada que nos impulsa a buscar la coherencia interna entre nuestras creencias, actitudes y acciones. Dos elementos se encuentran en una relación de disonancia cuando de la observación de uno de los dos se deriva un efecto contrario. Si me considero honrado pero a la vez robo, ahí surge una disonancia. Si me defino como ateo pero me sorprendo rezando en un momento de necesidad, ahí surge una disonancia. Según la hipótesis de Festinger, este estado de cosas nos crea una tensión psicológica que intentamos evitar o reducir de todos los modos posibles, por ejemplo modificando nuestro comportamiento o, si no hay espacio para la acción, cambiando nuestras creencias y convicciones. Los americanos lo llaman efecto “limón dulce”. A los europeos nos recuerda más a las uvas verdes de la fábula de Esopo.

Para estudiar este fenómeno, Smith inventó el “experimento del saltamontes”. Formó varios grupos (de reservistas de la Guardia Nacional) y los sometió a diferentes condiciones experimentales. A todos los participantes se les pidió que comieran saltamontes fritos. Pero a un tipo de grupos les ofreció una recompensa monetaria además de un discurso acerca de la importancia para los militares de adaptarse a las situaciones más extremas que pueden darse en casos de emergencia. En cambio, a los grupos del segundo tipo no se le ofreció ninguna recompensa ni ningún discurso motivacional. Después de la “comida”, cada participante debía rellenar una serie de cuestionarios y asignar una puntuación, de 1 a 9, en función del agrado de la experiencia, donde 1 correspondía a “enormemente desagradable” y 9 a “enormemente agradable”. Puesto que el americano medio, sobre todo en aquellos años, no estaba muy acostumbrado a comer saltamontes fritos, Smith quería saber de qué forma influirían la recompensa y el discurso motivacional en los gustos de los participantes y por tanto en su disposición a hacer algo que en condiciones normales no harían.

El resultado fue bastante sorprendente, pero perfectamente alineado con la teoría de la disonancia cognitiva. Los sujetos que habían sido motivados para comer saltamontes como ejercicio de adaptación y además habían recibido una recompensa, valoraron el gusto de los saltamontes de forma significativamente peor que los que habían tenido que comer los saltamontes sin ninguna finalidad aparente y sin ninguna recompensa. Estos últimos encontraron la experiencia significativamente más agradable que los primeros. ¿Por qué? Sencillamente, porque los participantes del primer grupo encontraron razones válidas para justificar ante ellos mismos una acción que iba en contra de sus convicciones: no me gustan los saltamontes, pero los como porque así me siento mejor soldado y además me pagan. Por eso, podían admitir tranquilamente ante ellos mismos que el sabor de aquella comida era pésimo. Los participantes del segundo grupo, sin recompensa ni motivación, tuvieron que buscar inconscientemente otros motivos para comer saltamontes. ¿Y si al final no saben tan mal? No pudiendo hacer otra cosa, para reducir la disonancia cognitiva derivada de haber comido una cosa desagradable aparentemente sin ningún buen motivo, los participantes del segundo grupo simplemente decidieron cambiar sus gustos, sus creencias, sus preferencias. “Al final los saltamontes no son tan malos como creía”. La disonancia cognitiva es penetrante, por eso varias veces al día intentamos eliminar la distancia entre lo que hacemos y lo que deberíamos hacer; entre lo que pensamos y creemos y nuestra conducta. Pero muchas veces lo hacemos adaptando nuestras convicciones a nuestro comportamiento y no al revés, lo que sería más natural.

El debate político de estas semanas en Italia ofrece un interesante ejemplo de disonancia cognitiva de grupo. El Movimiento 5 Estrellas se ha presentado siempre a sus electores como un partido nuevo, anti-casta, formado por personas honradas, rígido hasta el integrismo en cuestiones de moralidad pública. Por ejemplo, siempre ha votado favorablemente a la concesión de la autorización para procesar a un parlamentario, estigmatizando fuertemente a los que durante estos años han tomado opciones diferentes. “El M5S está comprometido con un Parlamento limpio, no solo dando buen ejemplo con la falta de antecedentes penales, sino también estando encima de la casta” escribía hace algún tiempo Riccardo Fraccaro, hoy ministro para las relaciones con el Parlamento. Irónicamente, hoy se encuentran ellos en la incómoda posición de defender a la casta con los instrumentos de la casta, a poner en cuestión su identidad y su credibilidad en un asunto en el que no tienen una responsabilidad política central. ¿Sabrán demostrar que no son totalmente rehenes de Salvini y de la Lega? ¿Serán fieles a su historia y a su identidad votando, como siempre, a favor de la autorización para procesar a Salvini? ¿Sabrán mantener la coherencia entre ideales y acciones o acabarán atrapados en una disonancia cognitiva que posiblemente les permita seguir un tiempo en el gobierno pero les cambiará profundamente? Quién sabe si, para reducir esta tensión, seguirán actuando como han predicado siempre o si empezarán a predicar lo mismo que todos los demás, para poder actuar exactamente como todos los demás.

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