Compañeros de cordada

Comentario – La hora de la responsabilidad para todos

por Luigino Bruni

publicado en Avvenire el 07/12/2011

logo_avvenireEl gobierno está tomando las decisiones correctas, las que hay que tomar. Pero una serie de recortes como estos sólo funcionan si son apoyados por los ciudadanos, por la inmensa mayoría del país, incluso por quienes pueden tener buenas razones e intereses legítimos para protestar o para pedir una estrategia distinta u otras soluciones más eficientes y/o equitativas. Debemos ser conscientes de que ahora de lo que se trata es de escalar una montaña escarpada y difícil, una escalada de resultado inseguro. Lo que sí es seguro es que durará mucho; harán falta varios años para superar de alguna forma esta crisis.

Cuando un equipo de alpinistas tiene que alcanzar una cima, sobre todo si es alta y difícil, los distintos componentes pueden y deben discutir durante la preparación cuál es la pared idónea, el equipamiento más adecuado, la época del año más favorable, la comida y muchos otros aspectos. Pero una vez que se ponen en marcha, las discusiones se acaban y todos trabajan en la misma dirección, todos mirando hacia la cresta de la roca, puesto que si esa comunidad de personas no está cohesionada, con-corde y no coopera, no sólo se hace todo mucho más complicado sino que se corre el riesgo de no llegar a la cima. El gobierno se ha dotado de instrumentos eficaces, ciertamente perfectibles pero básicamente equitativos y adecuados para la dificultad de la escalada, pero si falta el compromiso y el entendimiento entre todos los miembros de la cordada, por muy fuertes que sean las cuerdas y por muy bueno que sea el equipamiento, no se puede alcanzar ninguna meta.

Italia hoy necesita sin duda instrumentos técnicos y equidad, pero también con-cordia (el mismo corazón y la misma cuerda) entre los ciudadanos. No debemos cometer el grave error de pensar que los principales o los únicos protagonistas de este reto son las instituciones, Europa, el gobierno y los bancos y que a los ciudadanos sólo se les pide que hagan sacrificios pasivamente. El compromiso del jefe de escalada no es suficiente. En realidad el papel de la sociedad civil es coesencial, así como el cambio en la ética pública de los ciudadanos italianos. No se trata sólo de la responsabilidad social de las empresas o de las instituciones; hace falta una nueva responsabilidad social de cada ciudadano.

A propósito de esto, hay algunos estudios interesantes procedentes de la teoría económica y social que se agrupan bajo el nombre de 'reciprocidad fuerte' (strong reciprocity). Se está descubriendo que para mantener, generar o regenerar la cooperación en determinado ámbito civil (medio ambiente, fiscalidad, bienes comunes...) es necesario que las personas tengan una ética pública y un comportamiento de tipo “horizontal” (entre ciudadanos) y no sólo “vertical” (cada uno con las instituciones). Si, por ejemplo, queremos mantener limpio un parque no basta controlar o delegar el respeto de las normas cooperativas a los ‘órganos competentes’; es necesario y coesencial que entre los ciudadanos se desarrolle una cultura de cuidar directamente del otro. Se ha demostrado que en casos como este, si los ciudadanos no desarrollan formas de agradecimiento explícito de los comportamientos virtuosos y si no amonestan a quienes tiran papeles al suelo, no se pone en marcha la cooperación o no se mantiene en el tiempo.

Esta cultura horizontal está mucho más presente en los pueblos nórdicos (como bien sabrán quienes hayan viajado en avión al lado de una inglesa o un alemán y se les haya ocurrido encender el móvil segundos antes del aviso oficial). En los pueblos latinos y mediterráneos, en estos casos o no hacemos nada o llamamos a la azafata para que sea ella quien llame la atención al vecino incumplidor. O peor aún, contestamos a quien nos dice «no se puede meter el automóvil en el jardín del colegio», con la triste expresión «¿pero a ti te ha contratado el Ayuntamiento?». Estos hechos no son la enésima página del libro de los buenos sentimientos civilmente irrelevantes. Detás de ellos hay muchas más cosas. Estas señales, comunes y corrientes, dicen que en nuestro país la ética pública se le exige sobre todo a las instituciones y se delega en ellas. No va conmigo como ciudadano, sino con ‘la azafata’ o con ‘el ayuntamiento’. Por el contrario, tanto una llamada de atención por parte de un ciudadano, al igual que un “gracias”, son expresión del 'I care' que Don Milani escribía en la pizarra de la escuela de Barbiana; un "I care" que en el sistema pedagógico y civil de Don Milani era la antítesis del fascista "no me importa". Donde falta el cuidado no puede haber nada auténticamente humano, porque, como nos recuerda el libro del Génesis, donde no está la guarda del otro, lo que hay no es indiferencia sino que por algún lado se esconde el fratricidio de Caín.

Entonces pidamos a las instituciones mucha coherencia, equidad y ejemplo a la hora de hacer sacrificios. Pero no nos pidamos menos a nosotros mismos, ni a los restantes compañeros de cordada.

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