ABCDEconomía "Don" - 1a parte

ABCDEconomía de Luigino Bruni

Don. No penséis que es un regalo...

publicado en el semanario Vita del 15 de mayo de 2009

Con la palabra “Don” que los lectores encontrarán esta semana y también la próxima, termina el ABCDEconomía de Luigino Bruni, que fue ideado como una guía para redescubrir las palabras clave del comportamiento económico, ahora que los mitos han caído y las burbujas se han desinflado. Este es el índice de las palabras ya analizadas: Felicidad, Beneficio, Mercado, Banca, Inversión, Responsabilidad, Reglas, Interés, Organización, Reciprocidad y Capital. Esta semana, como queda dicho, se analiza la primera entrega de la última palabra: «Don».

Existe una relación muy estrecha entre comunidad, vida en común y don. Según una etimología de la palabra comunidad, communitas deriva de cum-munus, es decir del don (munus) recíproco. Pero esta sugerente etimología nos muestra a la vez la ambivalencia del don, que se esconde en la palabra latina munus. Munus es al mismo tiempo don y obligación. En la palabra anglosajona gift puede descubrirse un rastro de esta ambivalencia, ya que gift en inglés significa “regalo” y en alemán “veneno”. La olorosa y apetecible manzana del don puede esconder una fruta envenenada. ¿Por qué? En primer lugar porque hay muchos dones y múltiples formas de dar. Tenemos el don anónimo y unilateral del filántropo o las donaciones efectuadas a favor de personas necesitadas, que están lejos o afectadas por desastres naturales.

ABCDEconomía "Don" (original italiano)

Tenemos el don que hacemos a los seres queridos, que puede consistir en dar cosas pero también y sobre todo, en dar tiempo, atención, escucha y vida.  Está también el don convencional, que muchas veces es un eco de antiguas tradiciones, como el regalo que hacemos a los novios que se casan o la botella de vino que llevamos cuando alguien nos invita a cenar. Pero también existe el don del soborno o el que se da a los poderosos y que no tiene nada que ver con la gratuidad.
De todos modos, la palabra clave que mejor explica la naturaleza del don es “reciprocidad”, que ya ha sido tratada en este pequeño abecedario. A los seres humanos nos gusta más la reciprocidad que el don. Mejor dicho, nos gusta el don cuando éste tiene lugar dentro de una gramática relacional en la que se da y se recibe. Deseamos que el don, para que sea bueno, tenga un buen motivo. El don es un signo de algo más profundo.

Un día, durante un vuelo (low cost) me propuse invitar a un bocadillo a un joven (que no tenía dinero). Todavía recuerdo la mirada molesta de este joven que se preguntaba: «Pero ¿qué querrá este señor? ¿Por qué me ofrecerá 5 euros? ». El consejo de no aceptar caramelos ni regalos de un desconocido sigue siendo válido para niños y jóvenes, a menos que exista una buena razón para hacerlo, como una situación de emergencia o de necesidad. Pero incluso cuando hay necesidad, el don que no produce con el tiempo reciprocidad o bien produce una reciprocidad estática o asimétrica, muchas veces termina por esconder relaciones de poder y deseo de dominar al otro.

El don-gratuidad, que es la experiencia que todos asociamos a la belleza y a la vida buena, exige alternarse en los papeles de donante y receptor; que quien recibe un don se sienta capaz de reciprocidad y se encuentre en condiciones de poder responder en un plano de sustancial igualdad, sobre todo cuando el mecanismo del don se desencadena fuera de la familia y cuando se produce entre adultos (aunque estoy convencido de que el don-reciprocidad es una experiencia fundamental y básica también para niños y jóvenes)

El don rompe el equilibrio de las relaciones sociales, puesto que crea una asimetría que el ser humano, y desde luego el ser humano moderno, no consigue mantener mucho tiempo. El don no correspondido es un elemento de desequilibrio, de desorden. En cambio, a las sociedades humanas –incluso a las arcaicas, aunque de manera distinta que a las modernas– les gusta la simetría. Esto explica también la gran potencia del mercado, que se basa en un intercambio simétrico de valores equivalentes (o percibidos como tales).

La semana que viene trataremos de entender en qué sentido un don no es necesariamente un regalo ni algo “gratis”

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