ABCDEconomía "Dragonetti"

ABCDEconomía de Luigino Bruni

Dragonetti. El pensador de la virtud

publicado en el semanario Vita del 24 de abril de 2009

En esta semana de luto hemos querido interrumpir el ritmo natural de las palabras de nuestro abecedario de economía cívica para expresar nuestra solidaridad con la ciudad de L’Aquila. Lo haremos recordando a uno de sus ciudadanos, uno de los autores clásicos de la economía civil, Giacinto Dragonetti, cuya histórica casa ha sido dañada por el terremoto.

Giacinto Dragonetti es el autor de un pequeño libro, “De las virtudes y de los premios”, que junto al más conocido “De los delitos y de las penas” de Cesare Beccaria, alcanzó un significativo éxito en la pre-revolucionaria Europa de las luces. El libro de Dragonetti tuvo amplia difusión en la Europa del siglo XVIII. El libro salió a la luz como anónimo en Nápoles en 1766 y posteriormente fue publicado en francés (1767), inglés (1769), alemán (1769) y ruso (1769).

ABCDEconomia "Dragonetti" (original italiano)

He encontrado también una edición española de 1838 y no hay que excluir que existan más ediciones. Así pues, Dragonetti fue más traducido que su maestro Antonio Genovesi. Excepción hecha de Beccaria, hay que esperar a Pareto, en el siglo XX, para encontrar un estudioso italiano de ciencias sociales con una notoriedad internacional semejante.

Dragonetti, de formación jurídica, se interesó tanto por la economía como por el derecho. En su juventud, poco después de la publicación del libro de Cesare Beccaria “De los delitos y de las penas”, publicó en Nápoles esa pequeña obra en la que quería completar y desarrollar la tesis de Beccaria.

En la introducción del libro podemos leer: «Los hombres han hecho millones de leyes para castigar los delitos, pero no han establecido ni siquiera una para premiar las virtudes». Dragonetti propuso toda una legislación para premiar las virtudes e incluso un código de virtudes al lado del código penal: «Los Legisladores Romanos conocieron la necesidad de las recompensas, las citaron pero no tuvieron el valor de elaborar su código». Después añade que «hablar de los premios debidos a las virtudes no será inútil en este Siglo que se cree destinado a dar eficacia a los correspondientes derechos de los hombres».

Es evidente que Dragonetti no niega la importancia de las penas, a las que reconoce un papel esencial. Sin embargo, él cree que castigar los delitos no es suficiente para situar a su país en la senda del desarrollo civil y económico. Pero ¿en qué consiste la virtud?

Para Dragonetti la virtud está unida a la búsqueda directa e intencionada del bien público. Cuando alguien actúa por el «bien de otro» es cuando aparecen las virtudes: «Recibieron el nombre de virtud todos los actos relativos al interés de los demás o a preferir el bien ajeno por encima del propio» (p. 7). Las virtudes deben premiarse: «Puesto que la virtud no es un mandato de la ley, sino de nuestra libre voluntad, la sociedad no tiene ningún derecho sobre ella. La virtud no entra de ninguna manera en el contrato social y si se queda sin premio, la sociedad comete una injusticia similar a la que cometen aquellos que defraudan el sudor ajeno » (pp. 11-12).

Así pues, el “premio” es una recompensa por la acción que trasciende los contratos y las leyes. Es una recompensa por un acto sustancialmente de gratuidad: «Es cierto que todos los miembros del estado  le deben los servicios que impone la ley, pero es igualmente cierto que los Ciudadanos deben ser distinguidos y premiados en proporción a sus servicios gratuitos ».

Páginas e ideas de gran valor y actualidad, que honran a la tierra aquilana. Dragonetti siempre escribía en sus textos la palabra “Ciudadanos” con mayúscula. Mientras escribo esta nota estoy pensando en los muchos abruzzeses (y de otros lugares) que en estos días están mostrando que aquella C mayúscula hoy no es menos apropiada que ayer.

Que estas virtudes cívicas, que siguen vivas en Abruzzo aunque no siempre sean adecuadamente reconocidas y premiadas, sean el punto de partida del renacimiento de esa noble tierra.

Palabra para la semana que viene: Capital

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