¿Buenas noticias de las elecciones alemanas?

Los famosos eurobonos, que podrían dar un poco de aliento a la recuperación pero estancados por la oposición del ala antieuropeísta del gobierno alemán, podrían volver a entrar en la agenda de los estados de la UE, sobre todo ahora que Merkel tiene que gobernar en coalición con los socialdemócratas, favorables a esta solución

por Alberto Ferrucci

Publicado en Città Nuova el 24/09/2013

BCE ridEl triunfo electoral de Merkel, aunque sin mayoría absoluta, podría ser una buena noticia para los países europeos que más sufren los efectos de la crisis internacional y la falta de trabajo. Lo comprobaremos en los próximos días.

Para comprender mejor el escenario actual, repasemos algunos de los acontecimientos de las últimas décadas. El nacimiento de la Comunidad Europea fue sin duda la gran innovación del siglo XX. La convivencia pacífica entre países que llevaban siglos destrozándose y que dura ya más de 60 años gracias a la consolidación de instituciones y estructuras económicas comunes, se convirtió en un polo de atracción no sólo para millones de emigrantes del sur del mundo.

La comunidad ha sido capaz también de ir acogiendo a los países limítrofes en cuanto éstos adecuaban libremente sus legislaciones e instituciones políticas y sociales a los mismos valores. Esto ha supuesto un salto de civilización histórico con respecto a los imperialismos anteriores.

Italia, uno de los países fundadores, fue también uno de los primeros en decidir, hace quince años, participar en una integración mayor: la unión monetaria. Entonces el país fue consciente de que aceptada un desafío difícil, como quien se compra un traje de dos tallas menos porque ha decidido firmemente adelgazar.

La unión monetaria nos obligaba a una política presupuestaria que no permitía perder más de un 3% del Producto Interior Bruto y obligaba a reducir la deuda pública por debajo del 60% del mismo. El objetivo era modernizar el país, acercándolo a los más virtuosos, reduciendo el gasto público improductivo y realizando inversiones en infraestructuras, en la protección del territorio, en formación y en investigación. Por su parte, la deuda anterior quedaría reducida gracias a la posibilidad de financiarla e un coste mucho más bajo.

En cambio, los políticos italianos, en lugar de utilizar este ahorro para reducir la deuda, lo usaron para aumentar su popularidad, eliminando impuestos sobre la vivienda, no adecuando la edad de la jubilación y aumentando el gasto público improductivo, hasta acumular una deuda superior a la que los ahorradores italianos eran capaces de suscribir en bonos del tesoro, llegando de este modo a endeudarse en el exterior.

Cuando en 2008 el desarrollo drogado por la especulación entró en crisis y disminuyó la confianza en la solvencia de los títulos públicos, puesto que los estados estaban obligados a cubrir con dinero público las pérdidas de sus bancos, los títulos de una Italia que llevaba una década sin crecer perdieron credibilidad. Por eso, a pesar de estar en el euro, para poder vender los títulos fuera había que pagar intereses más altos que los de los países más virtuosos, Ese diferencial era la famosa prima de riesgo.

El coste de la deuda nos habría llevado a la insolvencia si el Banco Central Europeo no hubiera intervenido después de imponernos, en su famosa carta, la dieta adelgazante que se nos había olvidado seguir. El Banco Central puso a disposición de los bancos nacionales, a un interés del 1%, fondos ilimitados garantizados por títulos que esas instituciones podían suscribir con fondos obtenidos en préstamo. La rentabilidad de los títulos del tesoro italiano era muy superior al 1%, por lo que los bancos comenzaron a hacerse con ellos en lugar del mercado exterior. Los bancos han aprovechado las ganancias para cubrir las insolvencias de sus clientes y aumentar su capital. Así es como se ha contenido la prima de riesgo y se ha ayudado al estado a respetar los compromisos con Europa.

Una solución brillante de Mario Draghi, que permitía superar el veto impuesto por los estatutos del Banco a la financiación de los estados, algo que tienen permitido tanto la FED norteamericana como el Banco de Inglaterra y el de Japón. Esta solución, si bien ha estabilizado el sistema financiero, no ha abordado la crisis de la economía real, la que en Italia ha dejado sin trabajo a un millón de jóvenes.

Estos préstamos a bajo interés estaban orientados a aumentar el crédito a las empresas, pero como a los bancos les resultaba más fácil obtener beneficios con los títulos del estado ¿por qué iban a correr más riesgos en un momento en el que las empresas más sanas de repente empezaron también a declararse en quiebra? Es más, para invertir el ahorro en una empresa es necesario que el dinero circule entre los bancos, pues unos son mejores a la hora de captarlo y otros a la de sacarle provecho. En estos tiempos de incertidumbre, si bien cada banco conoce los muertos que tiene en el armario (dificultad de recuperación de créditos y pérdidas futuras por los productos derivados), sin embargo no conoce los de los otros bancos, que podrían incluso ser peores. Esto hace que sea más seguro depositar en el Banco el exceso de tesorería que prestarlo a los bancos de la zona y así se bloquea la circulación del crédito, a costa de quienes lo necesitan para producir.

¿Qué alternativas nos quedan para que nuestros tres millones de parados vuelvan a tener trabajo? Italia ya no puede relanzar su desarrollo devaluando la moneda. Con el estrecho traje del euro, para conseguir un impacto similar al de las anteriores devaluaciones, habría que reducir un 30% el gasto público y los sueldos de todos los italianos y establecer un impuesto patrimonial del 30% sobre todos los bienes de los italianos. Nadie se atrevería si quiera a proponer tal empobrecimiento. Y sin embargo eso es lo que se aceptaba en el pasado con las devaluaciones, porque no afectaba a los derechos individuales, sino a toda la comunidad.

¿Cómo convencer a los bancos para que además de comprar títulos del estado, retomen su deber de servicio a la economía real dando créditos? No se puede pretender que una vez que muchos de ellos se han transformado en los últimos años de entidades sin ánimo de lucro en sociedades mercantiles, no sigan la lógica del beneficio. Para que les resultara más conveniente utilizar la liquidez en las empresas habría que echar mano del palo y la zanahoria: por un lado penalizar (en vez de remunerar) los depósitos de liquidez en el Banco Central y por otro permitir la amortización de las pérdidas bancarias por insolvencias en un plazo inferior a los 18 años actuales.

Mucho se podría conseguir si el Banco Central Europeo se declarara dispuesto a conceder préstamos a muy largo plazo a un tipo de interés del 1% no sólo a los estados, sino también a entidades privadas que emitan obligaciones para construir grandes infraestructuras comunitarias, realizar intervenciones de salvaguardia del territorio y de sus bienes culturales y artísticos, y promover la formación de las nuevas generaciones y la investigación. Estas podrían ser las características de los famosos eurobonos. Su compra por parte del Banco Central Europeo provocaría una modesta devaluación del euro con relación a otras monedas, lo que facilitaría las exportaciones europeas.

Hasta ahora Alemania no aceptaba esta solución, puesto que el país disponía de una cantidad ilimitada de dinero a ese tipo de interés, ya que todos estaban dispuestos a prestarle sus ahorros a un tipo de interés cercano a cero. Pero al desaparecer del parlamento alemán, con las elecciones de estos días, el ala antieuropeísta y también la liberal que compartía el gobierno con el partido de Merkel, y al no haber obtenido este último la mayoría absoluta, es posible que ahora se produzca una gran coalición con el partido socialdemócrata. Un gobierno de este tipo probablemente no se opondría a los eurobonos, porque el ala más progresista de Alemania se da cuenta de que su desarrollo está fuertemente ligado al del mercado que la Unión Europea le proporciona. Esperaremos.

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