Encuentro en Dubai

Historia de una mujer maltratada y robada. La búsqueda de trabajo. El céntuplo y la vida que renace

de Alberto Ferrucci

publicado en  Città Nuova n. 13/14 del 10-25 julio de 2015

Lorraine Lipson 04 ridEn Nairobi se ha clausurado hace poco el quinto Congreso Internacional de Economía de Comunión, en el que han participado empresarios y estudiosos procedentes de los cinco continentes. Muchos de ellos eran africanos, sobre todo jóvenes. Como se puede leer en el reciente noticiario “ pdf Economía de Comunión – Una Cultura Nueva (2.40 MB) ”, nos gusta pensar que este congreso ha sido un verdadero don gratuito de Dios, pero también una respuesta a las fatigas de muchos, que han tenido que soportar problemas de salud, trabajar en la organización, superar el miedo a un ataque terrorista (los occidentales) y los prejuicios con respecto a los occidentales (los africanos). Los expertos han tenido que esforzarse en exponer la EdC con parámetros culturales africanos, y los empresarios no conformarse con su empresa, sino compartir la profesionalidad y experiencia para ayudar a hacer realidad los sueños de los jóvenes africanos, algunos de ellos llegados a Nairobi tras cuatro días de viaje.

La experiencia de la congresista australiana Lorraine, de la que nos hacemos eco, a nosotros puede parecernos un poco extraordinaria. No así a los que han respirado la atmósfera que se ha vivido en el congreso de la “economía del céntuplo”, como la llamaba Piero Pasolini, uno de los primeros compañeros de Chiara, constructor de obras, físico teórico e intelectual, que se hizo tan cercano a los africanos que ellos mismos quisieron darle su nombre a la ciudadela de Nairobi.

“En Dubai, mientras esperaba para embarcar en el avión con destino a Nairobi, me fijé en una joven keniata que estaba sentada enfrente de mí. Me llamó la atención que no llevaba ningún bolso y tenía el pasaporte en la mano. Dentro del avión, casualmente se sentó a mi lado, así que desde Dubai hasta Nairobi tuve ocasión de escuchar su desoladora historia. Ella venía de Qatar, donde había estado trabajando para pagar el colegio de su hijo como empleada de hogar, con una familia a la que había dejado después de haber sufrido malos tratos. Había llegado a Dubai esa misma mañana y, agotada como estaba, se había quedado dormida. Cuando despertó se dio cuenta de que le habían robado la bolsa con todo el dinero.

Al final del viaje le di algunos dólares y mi tarjeta de visita y le pedí que me facilitara su email cuando llegara a su casa en Meru, a 400 km de distancia. Cuatro días después recibí por email un cariñoso mensaje de agradecimiento, en el que me pedía que le avisara cuando saliera de Kenia. Al dejar la Mariápolis Piero me contó por teléfono las dificultades que tenía para encontrar un trabajo de forma que su hijo pudiera seguir estudiando. Pensé ponerla en contacto con el focolar de Nairobi, donde me habían prometido ocuparse de ella si llamaba.

Entré en contacto con una dolorosa cara de la pobreza en Kenia y en muchos otros países de Africa. Muchas jóvenes mujeres, para reunir un poco de dinero, van a los países de Medio Oriente, donde muchas veces sufren maltrato, a veces incluso sexual. Una verdadera forma de esclavitud moderna.

Pero la Providencia, para mí, se manifestó de forma milagrosa. Cuando llegué en avión a Dubai tenía dos horas de espera por delante. Me senté al lado de una mujer que tendría más o menos mi misma edad y le ofrecí una galleta. Me dio las gracias y empezamos a conversar. Nos dimos cuenta de que teníamos muchas cosas en común. Ella era empresaria y trabajaba en un gran proyecto de empresas sociales (orfanatos, cuidado de ecosistemas productivos, etc)… ¡precisamente en Meru, la localidad donde vivía la joven que había conocido!

Le hablé de su imperiosa necesidad de encontrar trabajo y ella me dijo sin dudarlo que, puesto que su proyecto se estaba expandiendo en muchas direcciones, podía darle trabajo.

Estaba estupefacta y desbordada por la alegría de experimentar la presencia de la mano providente de Dios, que me ofrecía ni más ni menos que lo necesario. Esta mujer, que se llamaba como yo, Lorraine, estaba volviendo a Colorado para mudarse de casa, pero pronto la pondré en contacto con mi nueva amiga keniata, que en medio de todo esto me había mandado un email para desearme buen viaje.

Le di a Lorraine mi ejemplar de la revista New City, que hablaba de la Economía de Comunión en África. Ella se mostró interesada en participar en el próximo evento de la EdC y me contó que su proyecto (http://hakunamatataproject.org/) también comenzó gracias a la Providencia. Pero esa es otra historia…


Lorraine Lipson

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