La búsqueda de la felicidad. La economía civil entra en el terreno de juego

 

Examen final de bachillerato 2010. Entre los textos propuestos a la reflexión de los alumnos, una frase de Stefano Zamagni. Pedimos al profesor que nos dé su opinión.

La búsqueda de la felicidad. La economía civil entra en el terreno de juego

por Antonella Ferrucci

La línea propuesta este año en para el ámbito socio-económico de la primera prueba escrita del examen de bachillerato tuvo como argumento “La búsqueda de la felicidadStefano_Zamagni”. Entre los textos propuestos a los examinandos se cita uno de Stefano Zamagni que pone en evidencia la separación entre las categorías de la utilidad y de la felicidad, mientras subraya la conexión entre felicidad, gratuidad y reciprocidad.

Profesor Zamagni, ¿qué significa desde el punto de vista de la cultura de hoy que estos argumentos, hasta hace algunos años considerados “heréticos”, sean insertados entre los temas del examen de bachillerato? ¿Estamos alcanzando una masa crítica?

"En efecto esta agradable sorpresa pone en evidencia como la semilla plantada años atrás que vio involucrados a Chiara Lubich y su Economía de Comunión, mi persona, Luigino Bruni y otros, está dando fruto y empieza a convertirse en patrimonio común. Personalmente empecé a hablar de Economía Civil hace 17 años. Desde entonces tengo varias publicaciones, entre las cuales cito sólo de los últimos años la “Economía civil. Eficiencia, equidad, felicidad pública” del 2004 y el “Diccionario de Economía Civil” del 2009, ambos escritos con Luigino Bruni, proponen estas ideas.  Cuando un proyecto cultural serio se presenta, si se tiene la paciencia de esperar, los frutos llegan. Precisamente por este motivo sostuve con entusiasmo a Chiara Lubich en la realización del Instituto Universitario Sophia: de hecho estoy convencido de que Sophia con su método particular, en el arco de 10 años provocará una verdadera revolución cultural.

Volviendo al tema del examen se debe subrayar como por primera vez “utilidad” y “felicidad” son consideradas como categorías “separadas”. Además si estos temas son ofrecidos para que los estudiantes reflexionen esto significa que en el transcurso de los años varios profesores han tratado el tema de la “felicidad pública” típico de la Economía Civil, en Filosofía, en Letras o en Historia. Esto demuestra entonces que las semillas sembradas a lo largo de los años están dando fruto: empiezan a madurar los tiempos en los cuales se puede pensar en una economía de mercado como instrumento de civilización, en un modo totalmente nuevo. Chiara con la Economía de Comunión tuvo la idea “vencedora”. Ahora también ella desde allá arriba podrá gozar de esto”.

Este es el texto citado entre los documentos sobre los que hay que redactar el examen:

La traición del individualismo consiste en esto: en el hacer creer que para ser felices basta con aumentar las utilidades. Sabemos que podemos maximizar la utilidad en solitario, mientras que para ser felices es necesario ser al menos dos. La reducción de la categoría de la felicidad a la de la utilidad es basicamente creer que el avaro es, después de todo, un ser racional. Sin embargo un gran número de interacciones sociales adquieren significado únicamente gracias a la ausencia de instrumentalización.  El sentido de una acción cortés o generosa hacia un amigo, un hijo, un colega está precisamente en el hecho de que es gratuita. Si supiéramos que la acción la motiva una lógica interesada y manipuladora, la misma tendría un sentido totalmente distinto, que llevaría a cambiar el tipo de respuesta por parte de los destinatarios de la acción   El Chicago man – como Daniel McFadden ha recientemente denominado la versión más actualizada del homo oeconomicus – es un ser aislado, un solitario y por lo tanto un infeliz, mucho más porque no se preocupa por los demás, desde el momento en que esta soledad no es otra cosa que una idiosincrasia de sus preferencias. [...] Ahora finalmente comprendemos por qué el avaro no logra ser feliz: porque no es generoso primero que nada consigo mismo; porque niega a sí mismo el valor de la relación que le podría asegurar el poner en práctica el principio de la reciprocidad.
Stefano ZAMAGNI, Avarizia. La passione dell’avere, Bologna 2009

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