Dar "alas” a las empresas civiles y de comunión

Entrevista con Stefano Zamagni con motivo de la Convención Italiana de la EdC

Dar "alas” a las empresas civiles y de comunión

por Antonella Ferrucci

Profesor Zamagni, la semana próxima tendrá lugar en Loppiano la esperada Convención Italiana de la EdC. Usted no podrá estar presente, pero si tuviera que dejarnos Stefano_Zamagniun pensamiento para este importante momento de la EdC en Italia ¿qué nos diría?

Empezaría con dos notas de actualidad. El obispo de Rimini en la carta pastoral para el nuevo curso que acaba de presentar hace unos días, se refiere a la Economía de Comunión diciendo prácticamente que la forma cristiana de hacer economía es la Economía de Comunión. La segunda es que acabo de regresar de Bruselas, donde he dado una conferencia en el Parlamento Europeo sobre la encíclica del Papa, con la presencia de muchos diputados.

 

He mencionado la EdC y al final de la conferencia, por los contactos con algunos diputados puedo decir que he encontrando un interés muy vivo, tanto por la mayor información que me solicitaban como por el conocimiento del tema que algunos ya demostraban tener con anterioridad…. El tema de la EdC se está generalizando y está llegando a los lugares más diversos. Así pues, lo primero que me gustaría decir sobre la Convención de la EdC que está a punto de empezar es esto: un tema como la Economía de Comunión que hace 20 años parecía “para unos pocos” hoy ha entrado ya en el léxico económico y político. Esto es importante, por el papel estratégico que desempeña la cultura en la circulación de la información. Un proyecto puede ser estupendo, pero si no circula está muerto.

¿Cómo comenta, en concreto, el interés que la propuesta de la EdC está suscitando en el contexto de la crisis económica actual?

Nunca como en estos tiempos de crisis nos habíamos dado cuenta de la urgencia de cambiar de paradigma en el ámbito económico y político-cultural. Ahora hay ya una conciencia generalizada de que el paradigma económico actual no puede funcionar. El pasado 21 de agosto el Premio Nobel americano Joseph Stiglitz escribía en Il Sole 24 Ore un artículo titulado: “Queridos economistas, bajad a la tierra”. En ese artículo Stiglitz abordaba el problema de los paradigmas económicos equivocados prevalecientes en los años anteriores a la crisis y que en buena parte la causaron. Decía que hay que cambiar estos paradigmas, precisamente porque han fracasado. Después añadía textualmente:” Es difícil cambiar de paradigma porque se ha invertido demasiado en los modelos equivocados. Igual que ocurrió con los intentos tolemaicos por mantener una visión geocéntrica del universo, ahora se realizarán esfuerzos heroicos para complicar y afinar el actual... Necesitamos nada menos que un nuevo paradigma y creo que lo tenemos al alcance de la mano.” Nosotros también creemos que es urgente contar con un nuevo paradigma, pero escucharlo de boca de un premio Nobel norteamericano produce una impresión especial. La auténtica batalla desde mi punto de vista consiste en crear instituciones académicas que inviertan en nuevos paradigmas. Una vez más estoy convencido de que la intuición que tuvo Chiara cuando fundó Sophia fue de extraordinaria importancia, ya que Sophia actúa precisamente en esta dirección.

En la Convención estarán presentes muchos empresarios de la EdC. ¿Qué les diría concretamente a ellos? ¿qué papel están llamados a desempeñar hoy en Italia?

Me gustaría vincular su papel a la reflexión que en estos momentos se está produciendo sobre el estado del bienestar. Hoy se habla mucho de un nuevo bienestar articulado a dos niveles. Hay un primer nivel, llamado nivel de asistencia esencial, que debe ser universal y estar a cargo del Estado. Pero para tener una vida decente no basta este nivel, en el que no están previstos por ejemplo los tratamientos odontológicos, ni el oculista ni la fisioterapia. Para ello hace falta un segundo nivel de bienestar que, sin embargo, no puede estar a cargo del Estado. Entonces ¿quién debe hacerse cargo? Yo creo que esta es la tarea de las empresas civiles, de las que las empresas de la Economía de Comunión son prototipo. Empresarios que actúen guiados no sólo por el beneficio, sino que tengan perspectivas de justicia universal, cuyas empresas son "organizaciones con motivación ideal”. Para explicarme pongo un ejemplo concreto que se refiere al Poliambulatorio Risana en el Polo Lionello Bonfanti de Loppiano. Este es un ejemplo de  “sanidad ligera” que viene a cubrir servicios que no cubre el primer nivel del estado del bienestar. Si estos servicios no se gestionaran de una determinada manera terminarían por ser exclusivos de las clases pudientes. Si yo no me puedo permitir pagar al dentista, mi hijo seguirá con los dientes torcidos y esta será una nueva forma de discriminación. Tener los dientes torcidos no es, desde luego, una cuestión de vida o muerte, pero quien esté condenado a tenerlos sufrirá un estigma social. Estos servicios tienen que tener un nivel, hay que realizarlos bien. No porque una persona sea pobre hay que ponerle los dientes sólo regular. …. Por eso hacen falta perspectivas amplias y motivaciones ideales, para ocuparse de este “segundo nivel”. Por eso, si queremos que este segundo nivel pueda realizarse, hay que “dar alas” a las empresas civiles que pueden ocuparse de él.

¿Cómo se pueden dar esas alas?

Es lo que yo llamo la cuadratura del círculo, la puesta en marcha de la Bolsa Social, es decir la apertura de un mercado de capitales para las empresas civiles. Con el término “empresas civiles” no queremos decir lo mismo que con “empresas sociales”, que son solamente un subgrupo de ellas, sino todas las empresas civiles y de comunión “con motivación ideal”. El plan de viabilidad de la Bolsa Social se encuentra ya en marcha y creo que podrá ver la luz dentro de algunos meses. ¿Por qué es importante la Bolsa Social? Porque hoy ser generosos y compasivos con el prójimo es más difícil que antes. Recordemos al Buen Samaritano: para ocuparse de su prójimo le bastó llevar al pobre malherido al posadero y darle un poco de dinero para que se hiciese cargo de él. Hoy ya no es así. Hoy a una persona pobre ya no le damos ropa gastada como se hacía hasta hace poco tiempo. El bien hay que hacerlo bien y para ello se necesitan recursos. Para estar abiertos al otro tenemos que prepararnos: este es el objetivo de la Bolsa Social, un lugar donde las empresas civiles puedan tener los capitales que necesitan en condiciones no prohibitivas. En caso contrario, con el mercado actual de capitales, todo es más difícil y hay riesgo de estrangulamiento. La creación de una Bolsa Social, además de “dar alas” a las empresas civiles y de comunión, permitirá que sean generosos no sólo los filántropos (hoy solo los ricos pueden serlo) sino todos, de manera que también quienes carecen de rentas altas puedan tener la alegría de dar.

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