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Economía de Comunión

Personas y empresas que activan procesos de comunión.


Ideas y prácticas para una acción económica orientada a la reciprocidad y a la acogida.


Un ámbito de diálogo y de acción para quienes trabajan por una civilización más fraterna, viendo el mundo desde los excluidos y las víctimas. más información...

La EdC, hacia el 2031

Logo_Brasile_2011_rid2Conclusiones de la Asamblea de la EdC expresadas por Luigino Bruni el 28 de mayo. Transcribimos el texto íntegro de su intervención

La EdC, hacia el 2031

por Luigino Bruni

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Estamos llegando al final de esta Asamblea, preparados para vivir juntos la segunda  etapa en São Paulo, el día del vigésimo aniversario de la EdC.

Con el corazón lleno de gratitud, puede ser útil que nos preguntemos juntos cómo es la EdC que ha surgido de los trabajos, experiencias y diálogos, así como de los muchos momentos formales e informales que hemos vivido en este evento especial y de gracia que hemos construido juntos.  En esta charla trataré de esbozar algunas pistas.

descargar intervención en español

 

La primera cosa que hemos descubierto juntos es una comprensión totalmente nueva de las preguntas de Chiara que dieron vida en este país y lugar a la EdC, que fueron grandes preguntas: hemos vuelto a ver y a re-cordar, gracias al tema de Alberto y al último panel, que la EdC tiene como vocación una visión general de la acción económica, del mercado y de la relación entre la riqueza y la pobreza. No es solamente una propuesta para un nuevo empresario y una nueva empresa. También hemos comprendido que buena parte de esta visión general y amplia es todavía poco más que una semilla, pero queremos que esta semilla de frutos, se convierta en un árbol. Hemos recordado y hemos vuelto a entender que la EdC nace de una crítica a un sistema económico erróneo, que mientras construye  rascacielos no sabe alimentar al niño que al lado muere de hambre. Cambiar las empresas, los empresarios y los trabajadores tiene sentido para nosotros, si todo eso está orientado por la insatisfacción ante este modelo de desarrollo que queremos cambiar para que sea más de comunión, de unidad y de fraternidad.

A la vez nos damos cuenta de que hay en la EdC, aunque todavía en modo embrionario, una idea nueva y diferente del empresario y de la empresa. Un empresario, como hemos visto, que es fraterno, capaz de innovaciones difíciles, "creador de tartas” (y no sólo donante de trozos de tarta a los "pobres"), que sabe cómo trabajar en red dentro y fuera de la EdC; que cree en la Providencia porque es capaz de verla todos los días actuando en su vida económica; que no tiene miedo a la vulnerabilidad ni a las heridas de las relaciones porque intuye que junto a las heridas hay bendiciones; que va en busca de los pobres, "de los que están solos" porque sabe que su modo específico y más eficaz para contribuir a un mundo más unido y fraterno es incluirlos en el sistema de producción, crear con ellos oportunidades de trabajo y de crecimiento; que busca formas nuevas de gestión para hacer "odres nuevos" que contengan el "vino nuevo" de la EdC.

Hemos visto también que en estos veinte años hemos vivido y aprendido muchas cosas juntos y que el proyecto ha crecido también en la comprensión (gracias a la colaboración con AMU y a experiencias pioneras y costosas como la de Bolivia) de lo que es la pobreza desde la perspectiva de la comunión. Con el tema de Genevieve, el panel y multitud de experiencias, hemos visto con ojos nuevos nuestra forma específica de amarla y transformarla: cómo ayudar a una persona pobre, la importancia de ver a la persona junto con  las relaciones en las que está inmersa (familiares, comunitarias, civiles, políticas...), la urgencia de crear nuevas herramientas que saquen a la luz más la reciprocidad y menos la asistencia unilateral (como, por ejemplo, el microcrédito y las bellas experiencias del  Bangko Kabajan).  Gracias a Vera hemos vuelto a las raíces de la idea de persona que mueve y promueve la EdC, una persona capaz de comunión, de amor, de cultura del dar: el “homo agapicus”.

Podría y debería continuar, recordando especialmente la vida, abundante y rica, manifestada en las experiencias de la sala, en los descansos, en las salas de reuniones entre empresas, en los diálogos personales. La EdC ha sido y seguirá siendo, sobre todo, la vida de un pueblo, una vida que da fundamento, verdad, fuerza y profecía a las palabras pronunciadas y escritas, que serían palabras vacías si no surgieran también de esta vida que es siempre más grande.

¿Cuáles son los retos que nos esperan a la luz del camino recorrido en estos veinte años y en esta Asamblea y gracias a aquellos que (en la tierra y en el cielo) creyeron día a día en la profecía de Chiara, haciendo que pasara a la historia?.

Con sencillez y en la confianza de que ya hemos compartido y entendido con muchos de vosotros las cosas que diré, me limito a indicar algunos de estos retos, con el deseo de que no sólo expresen mi pensamiento,  sino de dar voz a los que viven y piensan en estas realidades, pagando con su vida.

Los lugares capaces de futuro para la EdC

  • Los  empresarios y la creación de nueva riqueza

Un primer desafío se refiere a las empresas EdC. En estos veinte años estamos comprendiendo, aunque con  muchos errores, que la principal contribución de la EdC  para aliviar la pobreza extrema y construir una economía y un mundo de comunión y para lograr el objetivo principal que Chiara puso delante de la EdC hace veinte años, no es la redistribución de la riqueza (obtener dinero y recursos de los "ricos" para dárselo a los "pobres"), sino la creación de nueva riqueza, incluyendo en el proceso a las personas necesitadas y desfavorecidas bajo distintos puntos de vista. Se trata de crear nuevas "tartas", más que de cortar de formas distintas los "trozos" de la misma tarta ya creada. Si la persona que recibe los beneficios de la riqueza creada no participa inmediatamente y de forma visible y concreta en el proceso productivo, es muy difícil que la ayuda no sea paternalista y asistencialista. Cuando Chiara lanzó aquí la "bomba" dijo, como hemos recordado y meditado esta mañana: "hay que crear nuevas empresas,".

No dijo "tenemos que convertir a nuestros empresarios para que sean más generosos y den más." Por supuesto que existe  también este segundo aspecto (para los empresarios y para todos nosotros), pero antes de ello en la EdC hay una propuesta de producción y no de redistribución, aunque los dos aspectos no se excluyen entre sí, ya que la EdC redistribuye la riqueza creándola de manera distinta, incluyente, sostenible, fraterna y justa, buscando una participación autentica de los trabajadores en la gestión de la empresa. Aquí quiero señalar, aunque sea de paso, que tenemos que revisar nuestra manera de calcular en las estadísticas los beneficios donados por las empresas. Si es cierto que los beneficios se dividen en tres partes y que la comunión no es filantropía, entonces también la “tercera parte”,  que se reinvierte en la empresa para que pueda vivir y crear puestos de trabajo (o que se reparte entre los socios como retribución justa y equitativa de su inversión), es economía de comunión, es riqueza compartida para el bien común.

La primacía de la creación de la riqueza sobre su redistribución es un reto que aún tenemos que tomar en serio y desarrollar, porque en estos 20 años se ha puesto mucho de relieve y con razón (porque es co-esencial) el dar del empresario. Muchos empresarios han dado mucho, arriesgando sin garantías, dando incluso cuando la prudencia aconsejaría acumular reservas. Pero a veces este dar se ha conjugado de una forma demasiado simple y reductiva como “dar dinero” y no tanto como “dar y crear oportunidades, talentos, puestos de trabajo …”, olvidando con ello que el primer don de los empresarios es poner en juego su vocación empresarial, que es un talento de creatividad, de solución de problemas, de creación de cosas nuevas, de innovación, de capacidad de cambiar el mundo en el que actúan.

Este es un primer aspecto y una frontera importante para los próximos años: relanzar una nueva etapa de entusiasmo, creatividad, nuevas ideas, nuevas empresas y nuevos proyectos, para poner a los empresarios, nuevos y antiguos y tal vez más unidos en red, en su sitio, que es el de “desplazar la frontera hacia delante”, la frontera del desarrollo y la civilización y no la de ser generosos filántropos. El primer don es siempre el don de la vida y los empresarios de comunión dan la vida también y sobre todo innovando y creando cosas nuevas, oportunidades con y para los demás.

  • Relación directa con la pobreza

Hay un segundo paso que dar.
Para que esta nueva etapa de empuje, creatividad y entusiasmo del niño-adulto pueda ser concreta, estoy convencido de que la EdC tiene hoy una necesidad vital de relacionarse directamente con los rostros reales y concretos de la pobreza y de los pobres. Lo hemos visto durante estos días: las experiencias más fuertes y proféticas de estos años son las que vienen de quienes viven en contextos donde los rostros de la pobreza son bien visibles y buscan, con la creatividad del ágape y de la comunión, nuevas soluciones a partir del protagonismo de los pobres.

Cuando Chiara lanzó la EdC, impresionada por la “corona de espinas” de la pobreza en Sao Paulo y en todo Brasil, convocó a la comunidad brasileña a hacer algo más para resolver aquel escándalo. Entonces Brasil se puso en marcha: “somos pobres pero muchos”. Poco después nació el Polo Spartaco y más de 100 empresas, porque la EdC estaba vinculada directa y visiblemente a la pobreza que Chiara les había puesto delante. Si falta este contacto directo con la pobreza, en los protagonistas de las empresas de la EdC, con el paso del tiempo, el sentido profundo de lo que hacen deja de estar claro. No puede ser suficiente recoger dinero en Europa, en Estados Unidos o en las zonas más ricas de nuestros países para usarlo en otras partes más pobres del mundo o de nuestros propios países.

Es cierto que la comunión de bienes consiste también en eso y que la EdC tiene una vocación mundial y global que le lleva a redistribuir la riqueza con personas a las que no vemos pero sentimos cerca, como hermanos y hermanas (porque son seres humanos y nadie nos es extraño y porque muchos de ellos viven nuestra misma cultura y trabajan por la unidad). Además, mostrar una comunidad (la de nuestro Movimiento) que resuelve en su seno, juntos y a nivel global, el problema de la indigencia con una economía de comunión, es algo esencial y un elemento fundamental y constitutivo de la EdC ayer, hoy y siempre.

Pero ahora es necesario acelerar y de salir a buscar las nuevas y antiguas pobrezas que están presentes en todos los países del mundo. Entonces ¿qué debemos hacer? Por una parte debemos hacer más evidente la conexión entre la actividad de todas las empresas del mundo con algunos proyectos (sobre todo los más significativos y los más grandes) que la EdC en su conjunto lleva adelante en el mundo. Después de 20 años los micro-proyectos solos ya no bastan para mantener viva en los empresarios su vocación de la EdC. No es suficiente, hay que hacer algo más: crear vínculos directos entre la actividad de las empresas en el mundo y los proyectos que la EdC en su conjunto lleva adelante.

En los últimos años ya estamos dando algunos pasos (con el informe, con la página web…), pero no es suficiente. La experiencia de Bolivia nos ha mostrado que cuando un empresario se une con fuerza a algunos proyectos de desarrollo, todos crecen: los proyectos y las empresas que participan en ellos.

Pero aún es más urgente relanzar en los empresarios de la EdC de todo el mundo una nueva etapa de creatividad en el descubrimiento de las pobrezas de sus ciudades, que son muchas (y no solo materiales). Hacer algo directamente para los excluidos de nuestras ciudades, cada vez más juntos y con creatividad: hemos escuchado experiencias que van en esta dirección, experiencias importantes, proféticas y abundantes en frutos. Pero debemos hacer más, también en los Polos, que son una de las cosas más hermosas de la EdC, elementos esenciales del proyecto, que tomarán nuevo impulso cuando la vocación de la EdC (crear riqueza para compartirla e incluir a los excluidos de nuestro sistema económico) sea aún más evidente dentro de los mismos Polos, en su actividad ordinaria, que incluirá también a las personas desfavorecidas de su territorio. Los Polos son importantes en nuestra forma de contribuir a reducir la miseria. Cuando Chiara vio desde arriba los rascacielos y las favelas, no lanzó una acción dentro de las ciudades, para reducir y amar esa pobreza urbana, como tal vez alguien podría esperar. Para amar esa corona de espinas de la ciudad ella propuso que nacieran empresas nuevas en la Mariápolis, en el Polo, lejos de aquellas favelas. Así pues, en la novedad de los Polos está inscrito, tal vez de forma todavía misteriosa, nuestro estilo y nuestro camino para amar y reducir la miseria y la indigencia de nuestras ciudades y del capitalismo, que pasa también por empresas nuevas, de comunión, en red.

La EdC nació y ha crecido porque un mundo hecho de personas indigentes por una parte y opulentas por la otra, no puede ser “un mundo unido”, un ut omnes que, al ser la misión del carisma de la unidad, también lo es de la EdC, como nos ha recordado Emmaus en su importante mensaje inicial. Por eso la EdC siempre tendrá una mirada especial sobre las pobrezas (y sobre las riquezas no compartidas, que son otra forma de “miseria”) de todos los países del mundo ya que, desde este punto de vista, sigue siendo cierto que siempre tendremos pobres con nosotros. Además, si nuestro carisma es el de la unidad, la fraternidad y la comunión, nuestra mirada tendrá que concentrarse cada vez más en esas pobrezas (casi todas) que nacen de las relaciones rotas, enfermizas, injustas o equivocadas y en las soledades de la indigencia pero también en las de la riqueza no compartida.

  • Una vía para todos: algunas pistas

Hemos venido hasta aquí, a este lugar, para dejarnos interrogar por la historia, por la geografía, por el genius loci, por ese daimon que no es solo individual sino también comunitario, de los lugares y de los pueblos. Al final de esta Asamblea, hay otros dos elementos de nuestro retorno a los orígenes que me resultan particularmente fuertes y que considero cruciales para nuestro futuro.

Chiara (para mí es demasiado evidente por el vídeo de la “bomba” y las referencias al muro del comunismo, a la encíclica “centesimus annus”, al “ni capitalismo ni colectivismo” …), cuando ve y lanza la EdC, la intuye como una nueva vía para todos, como una posibilidad de vivir de manera distinta la economía y la empresa. Los miembros del movimiento (tanto los empresarios como los pobres) eran para ella sólo el primer paso, decisivo y fundamental, de un camino que comenzaba en el corazón del movimiento para llegar a la Iglesia, a la Humanidad, hacia el ut omnes. En estos días de Asamblea, al igual que ocurre en los congresos que se realizan en distintas partes del mundo (una etapa fundamental de esta comprensión ha sido el reciente viaje a Africa), hay personas, empresarios, que nos dicen que quieren unirse a la EdC, porque intuyen en la EdC un nuevo camino para su persona, para su empresa y para la economía. A partir de aquí debemos empezar a buscar algo nuevo (y lo hemos hecho durante estos días): debemos presentar la EdC haciendo que sea verdaderamente una respuesta adecuada a la “corona de espinas del mundo”, como nos recordaba Chiara en ese diario de junio de 1991 redescubierto hace poco.

En ese diario, Chiara, que acababa de regresar de Brasil, escribe: “Las semanas pasadas he pensado muchas veces en buscar un cuadro de la Desolada Madonnina_di_Edc_ridpara ponerlo al lado del Jesús Abandonado que tengo delante de mí, en mi cuarto. Pero la quería hermosa y posiblemente nueva. Al volver de Brasil el deseo se ha hecho más agudo y acordándome de una Desolada que Foco me dejó, la he buscado y la he encontrado. … Pero una nueva circunstancia me ha emocionado en esta entronización de María en mi habitación y en mi corazón: he observado que esta Desolada aprieta contra su pecho, cubierta por un pliegue de su manto, la corona de espinas de Jesús, esa corona que se nos hizo tan presente en Brasil, símbolo de la pobreza y miseria que rodea las grandes ciudades y no sólo las grandes … He visto en la actitud de esta Desolada todo lo que sucedió allí: un amor nuevo, apasionado, por los pobres, espinas para quitarlas de la cabeza de Jesús y abrazarlas con el corazón. Mandaré a Ginetta y Volo una foto de esta Madre nuestra como recuerdo del “paraíso del 91” (así llaman a las tres semanas que pasamos en Brasil)” (6 de junio de 1991).

Leyendo este diario se entiende, inmediatamente y con fuerza, que la corona de espinas y los pobres son “símbolos de la pobreza y miseria que rodea las grandes ciudades y no sólo las grandes”, y que la vocación de la EdC, cuyo humus y cuyo corazón pulsante está dentro del Movimiento de los Focolares, está llamada a ir mucho más allá, sin perder – este es el reto – su ADN, la cultura del dar, los hombres nuevos que caracterizan a los protagonistas de nuestro proyecto. Creo que aquí está uno de los significados del tercio de los beneficios que se invierte en la formación de hombres nuevos: hoy estamos llamados a poner en marcha programas de formación, como ya hacemos en pequeña parte sosteniendo la Universidad Sophia, el Centro Filadelphia, Nairobi, las incipientes escuelas en Africa, los cursos de la EdC en las diócesis italianas.

Pero hay que hacer más, porque si la vocación de la EdC es “abrazar la corona de espinas”, entonces hay que emprender una acción a largo plazo, sin perder la fuerza de la cultura típica del carisma de la unidad, del que nació la EdC y del que se alimenta so pena de fracasar. No para perderse sino para vivir de verdad, en la eterna lógica evangélica. Así la EdC no perderá “la cita con la historia” de la que hablaba Chiara en 1992 refiriéndose a la EdC.

¿Qué puede significar concretamente esta evolución de la semilla en árbol (o al menos en arbusto)? No lo sé, me limito a dar algunas sugerencias:

1.    Tener el valor de “echar las redes mar adentro”, tal vez en zonas nuevas del mar, sobre todo entre quienes, dentro y fuera de las iglesias y las religiones, están buscando una nueva vía en economía, con la fe y la confianza que hemos visto y aprendido de Chiara, Ginetta, François y los pioneros de la EdC.

2.    El carisma de la unidad tiene también el deber de “hacer unidad” con las distintas expresiones de la economía con motivación ideal, así como con los carismas económicos y civiles presentes hoy en el mundo. Con humildad, pero con coraje carismático, debemos ser instrumento de diálogo y de unidad con todos aquellos que buscan sinceramente una economía nueva y solidaria (este es el significado que tenía introducir la mesa redonda dentro de la asamblea), levadura en este tiempo de crisis en el que se está buscando, con una aceleración de la historia, algo nuevo. Es evidente que solo junto a otros muchos podremos contribuir a una nueva economía de mercado y a un sistema económico de comunión.

3.    No rebajar el nivel de radicalidad de los requisitos de la EdC (que hemos vuelto a escribir juntos en la Carta de Identidad), pero ser libres, generosos y flexibles en el “cómo” y “a quién” incluir y donar los beneficios, para poder involucrar en el proyecto a otros empresarios que aman como nosotros a los pobres pero quieren seguir otros caminos concretos para ayudarles e involucrarles. Así pues, presentar la EdC de manera amplia y ser claros y radicales en las cosas donde hay que ser radicales (actitud hacia los pobres, comunión dentro y fuera de la empresa …), pero no exigir radicalidad en los elementos culturales, variables y no esenciales para el proyecto, que muchas veces han alejado a quienes venían con buenas intenciones, asustados tal vez por una visión demasiado compacta y única de lo que es la EdC. La EdC la descubrimos juntos, en la dinámica de la historia, y la descubrimos también gracias a los recién llegados que nos envía la Providencia.

4.    Encontrar formas de participación y formación (escuelas) más adecuadas para el mundo empresarial. Por ejemplo, la formación debe desarrollarse no sólo en “encuentros” donde nos sentamos todos durante horas para escuchar a algunos. Es un sistema que tal vez funcione en un retiro espiritual pero no para gente de empresa. También aquí hace falta creatividad carismática y saber inventar instrumentos y formas de formación nuevas en el método (no sólo en los contenidos) que respondan a las necesidades de los empresarios y no sean un peso o un coste que hay que asumir para ser del proyecto.

5.    Ser más valientes, sobre todo en los Polos, a la hora de buscar nuevas formas de gestión de comunión, en las que se plasmen los instrumentos y aspectos (los llamados “colores”, que son un elemento nuevo y esencial de las organizaciones que se inspiran en el carisma de la unidad), como el coloquio, la corrección fraterna, la comunión de experiencias y sobre todo el pacto de misericordia y el amor recíproco. Hay que trabajar mucho para encontrar las mediaciones adecuadas evitando ingenuidades y fundamentalismos, pero este es un paso obligado para el futuro, donde ya se está avanzando, y un terreno fecundo para traducir la novedad de la EdC en don para muchos.

6.    Salir a la vida pública, creando, donde sea posible, realidades civiles (asociaciones, fundaciones ...), donde la laicidad y universalidad del proyecto sean también realidades operativas y distintas de las estructuras internas del proyecto. Ya hay signos importantes, como la ANPEC, la Asociación francesa, la argentina, la AIEC, el B2B, pero hay que hacer más. Una de las funciones de estas realidades, que están y deberán estar cada vez más vinculadas a los Polos, es la de estudiar métodos e instrumentos para acompañar el cambio generacional de los empresarios de la EdC, un tema que se está convirtiendo en importante y delicado.

7.    Estar seguros de que en el mundo hay muchas personas que ya tienen la vocación de la EdC grande de Chiara, que esperan encontrarla si se les presenta con su radicalidad, apertura y universalidad. A lo mejor están precisamente allí donde todavía no les hemos buscado.

8.    Dar espacio a la creatividad regional y cultural, porque la EdC es una, pero las EdC son muchas, en función de los “genii” de los pueblos y de las culturas. Pensad lo hermoso que será ver en el 2031 una EdC una, mundial y global pero también completamente africana, coreana, filipina, norteamericana, donde la diversidad (come nos recordaba Vera) se convierte en riqueza.


El gran atractivo del tiempo moderno

Para terminar.
Existe un escrito, una meditación de Chiara que fue escrita profeticamente también para acompañar nuestro desarrollo, puesto que con lenguaje sapiencial dibuja una especie de mapa de lo que hemos vivido y sobre todo de lo que nos disponemos a vivir. Es esta:

“Este es el gran atractivo
del tiempo moderno:
penetrar en la más alta contemplación
y permanecer mezclados con todos,
hombres entre los hombres.

Diría más: perderse en la multitud,
para impregnarla de lo divino,
como se empapa un trozo de pan en vino.

Diría más:
siendo partícipes del diseño de Dios
sobre la humanidad,
trazar sobre la multitud estelas de luz
y al mismo tiempo compartir con el prójimo
la injuria, el hambre, los golpes, las breves alegrías.

Porque el atractivo de nuestro tiempo,
como el de todos los tiempos,
es lo más humano y más divino
que pensarse pueda: Jesús y María,
el Verbo de Dios, hijo de un carpintero;
la Sede de la Sabiduría, ama de casa”.

Durante estos años hemos vivido sobre todo la primera fase (“penetrar en la más alta contemplación y permanecer mezclados con todos, hombres entre los hombres”). Tal y como nos ha mostrado claramente el ppt “así en la tierra como en el cielo”, en estos años la EdC ha sido verdadera y genuinamente un camino de alta contemplación, aun inmersos entre balances, contratos, máquinas y estanterías.

Quienes han sentido la vocación de la EdC, han respondido y se han puesto en camino, viviendo una verdadera “contemplación”, una vida contemplativa en medio del mundo, una de las grandes novedades introducidas por el carisma de la unidad (como nos recordaba Alberto con su experiencia del primer día). Ha sido y es alta contemplación en la cotidianidad de la vida y no estaríamos aquí si cada uno de nosotros (sobre todo los más “mayores”) no hubiera vivido al menos uno de estos momentos de contemplación, en los que se toca el cielo, el paraíso se hace realidad y todo adquiere un sentido y un significado verdaderos. Pero hemos sido esparcidos por el mundo: Milán, Fortaleza, París, Narirobi, Manila, perdidos en la multitud, mezclados con todos.

Al mismo tiempo, hemos conseguido entrever algunas señales de la segunda etapa que Chiara, en esta espléndida meditación, nos muestra: “Diría más: perderse en la multitud, para impregnarla de lo divino, como se empapa un trozo de pan en vino”. Aquí Chiara indica un paso más, no sólo “hombres entre los hombres”, sino perderse en la multitud, desaparecer, casi morir, para informar desde dentro la sociedad y la economía, haciéndose uno con ellas (el pan y el vino). Creo que este perderse en la multitud es el trabajo que nos espera. La semilla, para convertirse en árbol, debe en cierto sentido “perderse” en la multitud, no para despistarse, sino para impregnar y dar sabor a la vida que hay a nuestro alrededor.

Finalmente, Chiara indica un tercer paso que, siendo aún más profético, como toda profecía y todo carisma (que no utopía), siempre es un “ya” que indica un “todavía no”:

Diría más: siendo partícipes del diseño de Dios sobre la humanidad, trazar sobre la multitud estelas de luz y al mismo tiempo compartir con el prójimo la injuria, el hambre, los golpes, las breves alegrías”. Aquí se intuye un trabajo de luz, de visión: saber señalar el sentido de la historia, los signos de los tiempos, ser faros de luz para muchos, entender el sentido de la vida también  económica que vivimos. La EdC también es esto, “ya” y sobre todo “todavía no”, cuando alguien la aprecia porque ve en ella una luz, una perspectiva, que es un don para todos. Pero “al mismo tiempo” compartir con el hombre de nuestro tiempo los sufrimientos, el hambre, los golpes y las alegrías. El hambre y las alegrías de todos, de nuestra gente que, en realidad, anhela y espera una economía de comunión.

Y termina: “Porque el atractivo de nuestro tiempo, como el de todos los tiempos, es lo más humano y más divino que pensarse pueda: Jesús y María, el Verbo de Dios, hijo de un carpintero; la Sede de la Sabiduría, ama de casa”. Un Dios que también es hijo de un carpintero  (por ello trabajador y empresario) y María que es sede de la sabiduría (y de toda la cultura y la ciencia del mundo), pero también Madre de casa. La EdC será fiel a su vocación si sigue siendo cada vez más lo que ya es: a la vez contemplación y fábrica, alta cultura y cotidianidad concreta.

Entonces ¡hasta la vista en e 2031! Y gracias por estos primeros espléndidos 20 años.

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