Brasil 2011

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20º aniversario de la EdC en Brasil, del 25 al 29 de mayo de 2011...

Los 20 años de la EdC en Brasil han sido un aniversario importante, no tanto para hacer balance del pasado, como sobre todo para mirar al futuro, a los siguientes 20 años de EdC, desde el 2011 hasta el 2031. En esta página queremos contaros dos importantes actos desarrollados para la ocación: la Asamblea Internacional de la EdC “Protagonistas de una nueva economía hoy” del 25 al 28 de mayo de 2011 - Mariápolis Ginetta (Vargem Grande Paulista) y el acto conclusivo del 29 de mayo de 2011 - Sala Memorial de América Latina (Sao Paulo) - La profecía se hace historia. 20 años de Economía de Comunión.

Aquí podréis encontrar todos los contenidos disponibles en edc-online.org: las encuestas, los textos de las intervenciones, los vídeos, los artículos…

Pobreza y desarrollo: los retos de la EdC hoy

Logo_Brasile_2011_rid2Panel 2 "Pobreza y desarrollo", 27 de mayo de 2011. Transcribimos la intervención íntegra de Francesco Tortorella, Responsable de Proyectos de Desarrollo EdC-Amu

Pobreza y desarrollo: los retos de la EdC hoy

por Francesco Tortorella

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En los últimos 4 años he tenido la posibilidad de seguir de cerca las actividades y proyectos realizado con los beneficios que las empresas de la EdC han puesto en comunión para ayudar a personas necesitadas. Así pues, en este panel sobre “pobreza y desarrollo” me gustaría daros una visión “desde dentro” sobre la experiencia de la EdC en este ámbito durante los últimos años y sobre cuáles son, desde mi punto de vista, los retos que se nos presentan para los próximos años.

Cuando lanzó la idea de la Economía de Comunión, Chiara Lubich dijo que su objetivo era mostrar al mundo una comunidad en la que no hubiera ningún necesitado, siguiendo el ejemplo de las primeras comunidades cristianas. Así pues, la EdC tiene un doble objetivo: resolver unas necesidades concretas y realizar en pequeño un modelo para mostrarlo al mundo.

En este doble objetivo hay una visión profética con un gran horizonte y una ocasión para responder a algunos desafíos que la historia nos plantea hoy. Lo que hoy está ocurriendo en el mundo nos interpela; la derrota del modelo de desarrollo dominante en el planeta nos plantea un reto: ¿somos capaces de proponer un modelo alternativo?

Hoy el problema ya no es simplemente hacer frente a las necesidades, al hambre o a las enfermedades; la historia hoy nos pide más: realizar y mostrar un nuevo modelo de desarrollo.

¿Qué modelo de desarrollo podemos realizar y mostrar nosotros?

La Iglesia nos lo sugiere y nosotros tenemos el potencial para realizarlo. San Pablo enseñaba que la persona vive en tres dimensiones – el cuerpo, el alma y el espíritu – y que puede ser plenamente feliz cuando siente que se satisfacen los tres tipos de necesidades: las corporales (las llamadas “necesidades básicas”), las relacionales y las espirituales. En este sentido, lo que la Iglesia llama “desarrollo integral” es un proceso tridimensional, que incluye la relación con uno mismo y con el propio cuerpo, la relación con otras personas y la relación con Dios. Para vivir una vida plena y feliz, hay que cultivar y desarrollar estas tres dimensiones simultáneamente.

En la encíclica Caritas in Veritate, Benedicto XVI afirma que «el tema del desarrollo coincide con el de la inclusión relacional de todas las personas y de todos los pueblos en la única comunidad de la familia humana […]. Esta perspectiva se ve iluminada de manera decisiva por la relación entre las Personas de la Trinidad en la única Sustancia divina» . Es decir, la Iglesia propone como modelo de desarrollo integral que las personas vivan relaciones trinitarias y más adelante propone como realización concreta de ese modelo la relación de amor entre los esposos, que puede ser imitada a una escala más amplia.

Así pues, nuestras actividades de desarrollo tienen un objetivo inmenso: vivir y mostrar relaciones trinitarias entre quienes gestionan los proyectos y las personas necesitadas, entre quienes producen riqueza en exceso y quienes no consiguen satisfacer sus propias necesidades, etc. Podría decirse que el modelo a realizar y  mostrar es un “desarrollo de comunión”.

Ahora bien, para hacer realidad este modelo de desarrollo verdaderamente alternativo, tenemos delante tres retos principales:

1.    hacer que no haya ningún necesitado, es decir resolver los problemas de manera eficaz;
2.    actuar en comunión, es decir “trabajar con” y no “trabajar para”:
3.    abrirnos a la humanidad, es decir realizar un modelo inclusivo.

1. El primer reto

Para poder realizar un modelo de desarrollo creíble, deberíamos poder demostrar que este modelo resuelve los problemas que se propone resolver. ¿Hemos conseguido hacer realidad en estos años una comunidad sin ningún necesitado?

La respuesta cierta es que no lo sabemos; la impresión es que todavía no lo hemos conseguido.

No lo sabemos, porque en estos años no hemos tomado datos sobre los resultados de las actividades de “ayuda”. Conocemos la cantidad de personas necesitadas a las que atendemos cada año: al principio 5.000, después 12.000, ahora 3.500… pero estas cifras no nos dicen nada acerca de los resultados obtenidos. No sabemos si las 3.500 personas del año pasado están incluidas en las 12.000 de hace unos años o en las 5.000 del principio. Sólo sabemos que alrededor de un 20% de ellas necesita asistencia permanente; el 80% restante, que necesita asistencia temporal, pueden ser personas totalmente nuevas, lo que implicaría que las necesidades anteriores se habrían resuelto, o puede que sean las mismas personas de 1991, asistidas durante varios años sin resolver nada. Sabemos, además, que el número de personas necesitadas ha disminuido en los últimos años por un motivo muy concreto: porque ha aumentado la comunión local de bienes, por lo que ya no se pide ayuda al Centro para muchas personas que son atendidas con recursos locales. Pero esto tampoco nos dice si los problemas se han resuelto o no.

El reto es grande en este ámbito. Conseguir hacer frente y resolver problemas de “pobreza” o de “miseria” es dificilísimo; prueba de ello es la gran desigualdad que hay en el mundo. Para poder obtener resultados, incluso pequeños, hace falta preparación, experiencia y un mínimo de profesionalidad, como en cualquier trabajo.

Más allá de los datos sobre las personas que han recibido ayuda, el modo como hemos gestionado los “beneficios” en años pasados ha estado orientado principalmente a compartir, a poner en común como hermanos lo que se dispone, más que resolver los problemas de las personas involucradas. Es decir, hemos tratado de salvaguardar el espíritu de familia, a veces sin preguntarnos si las acciones eran eficaces para resolver los problemas. Algunas veces tal vez hemos tenido miedo de gestionar las actividades o los proyectos con profesionalidad, por temor a que pudiera peligrar la autenticidad del compartir, del espíritu de familia.

Hoy el reto es: ¿cómo podemos resolver las situaciones de pobreza de forma eficaz, salvaguardando al mismo tiempo el espíritu de familia?

2. El segundo reto

El modelo de desarrollo en el que estamos inmersos, centrado en la riqueza y el consumo, nos ha acostumbrado a pensar que hay personas que tienen más y personas que tienen menos y – en el mejor de los casos – que quien más tiene debe ayudar a quien tiene menos haciendo algo por él. Es un engaño en el que caemos inconscientemente: un empresario puede creer que tiene más porque produce riqueza y puede sentir el deber de darla “para” quienes tienen menos; las personas que coordinan las actividades de asistencia y los proyectos pueden creer que tienen más porque tienen mejor instrucción o un rol social más elevado y sentir por ello el deber de concebir y realizar proyectos “para” quienes tienen menos.

Esta generosidad es muy valiosa y hay que salvaguardarla con cuidado. Pero en una relación de comunión no hay uno que tiene más y otro que tiene menos, existe la diversidad: cada uno es y tiene lo suyo, sus capacidades, su riqueza. Entonces, para nosotros el desafío consiste en trabajar “con” el necesitado, trabajar junto a él, analizar con él sus necesidades, pensar juntos en la manera de afrontarlas y resolverlas, realizar juntos los proyectos de desarrollo. Ya no se trata de trabajar “por” los otros, sino de trabajar “con” los otros, por un objetivo común; no se trata de “ayudar” sino de “cooperar”.

De esta manera, todos podemos ser realizadores y beneficiarios de los proyectos, porque cada uno puede contribuir con sus capacidades a realizar los proyectos y cada uno puede obtener un beneficio: no sólo un beneficio en la satisfacción de las necesidades primarias “corporales”, sino también un beneficio de desarrollo en la dimensión relacional – construyendo relaciones de comunión con los otros – y espiritual, cultivando la relación con Dios, presente entre nosotros cuando hacemos las cosas juntos.

Hoy el reto es: ¿cómo podemos realizar concretamente este cambio de perspectiva?

3. El tercer reto

Hemos dicho que queremos proponer un modelo. ¿Qué es un modelo? Es un prototipo, una realización finita que funciona y puede replicarse en contextos distintos y por personas distintas. Es un ejemplo en el que cualquiera puede inspirarse para realizar una obra. Si este ejemplo no pude imitarlo cualquiera, si sólo puede replicarlo quien lo ha realizado, entonces será un ejemplo pero no un modelo.

Nuestra manera de afrontar la pobreza y el desarrollo ¿puede ser considerada como un modelo? ¿Puede ser replicada por otros?

En estos años hemos compartido los beneficios con personas necesitadas casi exclusivamente dentro del ámbito del Movimiento de los Focolares, salvo honrosas excepciones. Tanto las personas necesitadas que han participado en el proyecto como las personas que han gestionado las actividades han sido seleccionadas entre los miembros internos del Movimiento. Esto ha hecho que la asistencia o el proyecto llegara sobre la base de una relación ya construida: una experiencia hecha tantas veces y en tantas partes del mundo, que nos ha enseñado que sólo tiene sentido compartir bienes o dinero si se comparte en primer lugar la vida, porque la primera necesidad de todo hombre es la de ser y sentirse amado, acogido, escuchado, comprendido. Esta lección es un tesoro que hay que custodiar con mucho cuidado.

Sin embargo, nuestro ejemplo no es fácilmente replicable por otros y no puede proponerse exteriormente. No podemos pensar que quien quiera replicar este modelo de desarrollo tenga que hacerse miembro del Movimiento de los Focolares. Ni podemos pensarlo ni tampoco sería sano: la belleza de la humanidad está precisamente en la diversidad de carismas, de culturas, de capacidades. Tampoco podemos pensar que quien quiera replicar este modelo tenga que pertenecer necesariamente a un movimiento espiritual, dentro del cual aplicarlo.

Entonces el reto de hoy es llegar a distinguir la vida de comunión entre las personas involucradas en los proyectos de su pertenencia al Movimiento de los Focolares. ¿Se puede vivir un modelo de desarrollo de comunión sin pertenecer necesariamente al Movimiento de los Focolares? Cierto que sí, es la misma Iglesia quien lo sugiere, nos corresponde a nosotros demostrar cómo es posible hacerlo en lo concreto. Recordad las palabras de Benedicto XVI citadas al principio: «el tema del desarrollo coincide con el de la inclusión relacional de todas las personas y de todos los pueblos en la única comunidad de la familia humana». Las expresiones clave son: “inclusión” y “única comunidad de la familia humana”.

Es decir, existirá un modelo si se basa en la inclusión y no en la exclusión, si al seleccionar a las personas que participen en nuestros proyectos no usamos un criterio “exclusivo” (quien pertenece sí, quien no pertenece no), sino un criterio inclusivo (más allá de la pertenencia o no, quien desee trabajar en comunión con el objetivo común de resolver problemas concretos). Existirá un modelo si sabemos realizar nuestros proyectos con los excluidos de la sociedad que no forman parte del Movimiento de los Focolares, incluyéndolos, porque en cuanto hombres son capaces de amar y vivir la comunión.

Existirá un modelo si la comunidad de referencia para realizar nuestros proyectos es “la única comunidad de la familia humana”, no sólo la comunidad del Movimiento. Tenemos algunas pequeñas experiencias en este sentido, también aquí en Brasil, que demuestran un potencial enorme.

¿Quiere esto quiere decir que para involucrar a otros tenemos que discriminar a quienes pertenecen al Movimiento, excluyéndolos? Naturalmente eso sería un contrasentido. Pero tendremos que aprender a distinguir la comunión de bienes interna de un modelo que puede ser propuesto al mundo. Para las necesidades internas en el Movimiento tenemos numerosos canales internos que funcionan bien (ramas, comunidades locales, etc.); para proponer un modelo al mundo tenemos las empresas de la EdC y los proyectos de desarrollo realizados en colaboración con AMU, abiertos a la humanidad.

Hoy el reto es: ¿cómo podemos hacer realidad un modelo atractivo y realizable para proponerlo a la humanidad?

Son preguntas a las que debemos responder juntos para poder imaginar un futuro para la Economía de Comunión. Son retos difíciles y fascinantes, que nos hacen intuir grandes horizontes. A nosotros nos toca ser valientes, asumiendo el riesgo de cometer errores, pero sabiendo que podemos contar con Dios que no tiene miedo de atreverse con nosotros.

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