lo extraordinario en lo ordinario

Un incendio de comunión

Las historias de las empresas de economía de comunión no siempre tienen final, porque no terminan nunca.

Carolina Carbonell

170907 incendio el albaAldo Calliera es propietario de El Alba, empresa de EdC dedicada a la actividad agropecuaria, localizada en Santiago del Estero, en el Norte de Argentina, y protagonista de otra de las historias de nuestra web: “De caballos y vaqueros”.

El sábado 19 de agosto Aldo nos compartió una foto de las llamas ardiendo con gran fuerza en su campo y un mensaje que decía: “Hace dos días que estoy haciendo de bombero junto a mis compañeros. En un par de horas perdimos el fruto de muchos años de cuidado ecológico de bosques nativos y toda la cobertura en los lotes agrícolas. Al día siguiente seguían las noticias: “Anoche tuvimos otro foco muy complicado pero ya está controlado".

¿Cómo estás amigo?, le preguntábamos el lunes: “Es verdad que físicamente estoy agotado, pero espiritualmente es una gracia poder vivirlo con serenidad y transmitir esta serenidad al equipo. Por ejemplo, anoche me llamó un vecino para decir que veía un gran fuego. Cuando llamé a uno de los muchachos para que estuvieran alertas, me llevé la sorpresa que todos los empleados habían ido al campo cuando comenzó a aumentar el viento (domingo a las 6 de la tarde...) Se encontraron allí, sin haberse puesto de acuerdo. Cuando llamé a las 22 hs me dijeron que me quedara tranquilo, que no habían querido preocuparme y que estaba controlado el incendio. Eso vale para mi mucho más que todas las pérdidas materiales”.

Hay pensamientos que sólo se pueden tener en las noches tremendas y es tal vez en estas noches cuando se entienden. Es real que en estos dolores es cuando la economía de comunión se manifiesta en plenitud.

150812 Aldo Calliera

Los siguientes días Aldo escribió: “El fuego ahora está apagado, pero con esta temperatura, baja humedad y viento puede reactivarse de nuevo en cualquier momento. Afectó mucho la parte agrícola y la infraestructura de alambres. La verdadera medida de los daños la voy a saber el próximo verano, de acuerdo al rendimiento de los cultivos. Por ahora los que me alquilaban ese sector están dispuestos a seguir, pero sin pagar”.

En las universidades, en los congresos, en nuestros relatos, contaremos la EdC con estas historias, para que ese capital aparentemente perdido, regrese multiplicado.

Mientras escribía estas líneas podía imaginar a Aldo y a los muchachos en "la matera", al alba, compartiendo la charla, algún cuento, alguna historia, y calentando el cuerpo mientras siguen tejiendo lazos de amistad entre los compañeros.

Aldo es una de esas personas que como diría Eduardo Galeano, “arden la vida con tantas ganas que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca se enciende".

 

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